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2014/01/16

SIN CARBÓN NO HAY REYES MAGOS... NI OLENTZERO... Y AHORA TAMPOCO PAPÁ NOEL

Y algo hizo bien aquel extraño elemento ese año. Lo cierto es que nunca le habían tratado mal, todo lo contrario, excepción hecha del famoso gordo, ya no, cabrón seminventado por la Coca-Cola que jamás se había dignado siquiera a dejarle en el felpudo una pequeña chocolatina. El resto le habían mimado año tras año incluso por encima de sus merecimientos.

Cierto es que él tampoco había dado de lado a sus sueños y siempre los había mimado para que se acordaran de aquel raro individuo que una vez fue especial y quizá lo siga siendo. Cada año buscaba como hacer un deseo sonrisa, un gesto ilusión, un objeto sentimiento, y seguramente por ello con él hacían lo propio, menos el lapón, ya no, de los cojones.

Pues bien, aquellas navidades tuvo la suerte de que los de siempre y también el viejo, ya no, tacaño, le concediesen un paseo Supersubmarino rodeado de mujeres con las que compartir un café Nespresso gustosamente sin gusto, ataviado con un gorro de lana que quiso llegar y no lo hizo a su cabeza, pero sí a su corazón. 

Incluso le abrieron las puertas para recorrer Los ríos de Alice en una nueva bicicleta de viejos sentimientos a los que atarse con un arnés de por vida, por muy perro que parezca, allá, lejos, por Cuba, o acá, cerca, por las vías verdes de Euskal Herria, donde conocer quién sabe si un amor lesbiano o incluso los díez secretos de la abundante felicidad, comiendo esta vez sí, una chocolatina.

Mila esker!

2012/12/29

LOS VIAJES



 Un pescador, vecino de Bilbao,
cogió, yo no sé dónde, un bacalao.
"¿Qué vas a hacer conmigo?",
el pez le preguntó con voz llorosa.
El respondió: "Te llevaré a mi esposa;
ella, con pulcritud y ligereza,
te cortará del cuerpo la cabeza;
negociaré después con un amigo,
y si me da por ti maravedises,
irás con él a recorrer países."
"¡Sin cabeza! ¡Ay de mí", gritó el pescado.
Y replicó el discreto vascongado:
"¿Por esa pequeñez te desazonas?
Pues hoy viajan así muchas personas."

[Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880)]


2012/10/25

EL PESCADOR


Un hombre de negocios norteamericano estaba en el embarcadero de un pueblecito costero de México cuando llegó una barca con un solo tripulante y varios ATUNES muy grandes. 

El norteamericano felicitó al mexicano por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo había tardado en pescarlo. 

El mexicano replicó:
- Oh! Sólo un ratito. 
Entonces el norteamericano le preguntó por qué no se había quedado más tiempo para coger más peces. El mexicano dijo que ya tenía suficiente para las necesidades de su familia. 
El norteamericano volvió a preguntar: 
- ¿Y qué hace usted entonces con el resto de su tiempo? 
El mexicano contestó:
- Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer, voy cada tarde al pueblo a tomar unas copas y a tocar la guitarra con los amigos. Tengo una vida plena y ocupada, señor.
El norteamericano dijo con tono burlón: 
- Soy un graduado de Harvard y le podría echar una mano. Debería dedicar más tiempo a la pesca y con las ganancias comprarse una barca más grande. Con los beneficios que le reportaría una barca más grande, podría comprar varias barcas. Con el tiempo, podría hacerse con una flotilla de barcas de pesca. En vez de vender su captura a un intermediado, se la podría vender al mayorista; incluso podría llegar a tener su propia fábrica de conservas. Controlaría el producto, el proceso industrial y la comercialización. Tendría que irse de esta aldea y mudarse a Ciudad de México, luego a Los Ángeles y finalmente a Nueva York, donde dirigiría su propia empresa en expansión. 
- Pero señor, ¿cuánto tiempo tardaría todo eso? 
- De quince a veinte años. 
- Y luego ¿qué? - preguntó el mexicano.
El norteamericano soltó una carcajada y dijo que eso era la mejor parte: 
- Cuando llegue el momento oportuno, puede vender la empresa en bolsa y hacerse muy rico. Ganaría millones.
- ¿Millones, señor? Y luego ¿que? 
- Luego se podría retirar. Irse a un pequeño pueblo costero donde podría dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con sus nietos, hacer la siesta con su mujer e irse de paseo al pueblo por las tardes a tomar unas copas y tocar la guitarra con sus amigos. 
- Bueno, pero eso es lo que hago ahora señor ¿Por qué tengo que esperar veinte años? 

2012/06/27

ZATORTXO


Zatortxo era un topo inquieto y juguetón que jamás había visto la luz, no por vivir bajo tierra como lo hacen todos los topos, no, sino porque desde que nació había llevado una venda que rodeaba su cabezota formando un lazo en la nuca, que por supuesto, tapaba sus redonditos, pequeños y negros ojos. Desde siempre Zatortxo, había querido encontrar la felicidad, era su gran quebradero de cabeza. Había leido infinidad de libros, hablado con numerosos ancianos del bosque, consultado a los más sabios del lugar pero nunca, ninguno, supo darle la respuesta edecuada, y es que la felicidad no parecía querer aparecer por ningún lado.



Un día que nuestro intrepido animalito se asomó a la superficie de la tierra, justo al lado del lago donde solía bañarse, se le acercó un León grande, fornido y apuesto que le dijo mirandole fijamente:
- Pequeño topo, he oido que buscas la felicidad ¿no es cierto?
- Así es, Señor león.
- Pues has dado con el ser adecuado. Yo te llevaré a la felicidad.
Zatortxo sonrió ilusionado dejando ver sus dos enormes paletas la mar de relucientes.
- Gracias Don Leoncio. Yo le sigo. Iré a donde usted me mandes.
- Lo primero que has de hacer es quitarte esa venda pequeño, con ella no podrás ver la felicidad jamás.- Habló el león con voz firme y autoritaria.
El topo se quitó en vendaje que cubría sus ojitos y aunque la luz en un primer momento, le impedía ver lo que había a su al rededor con nitidez, poco a poco comenzó a distinguir los diferentes colores y formas que le rodeaban.
El león le llevo por el camino de la derecha. Allí pudieron ver como trabajaban las hormigas, como realizaban presas los castores, como las cigüeñas preparaban sus nidos justo en el mismo lugar que en años anteriores, o sencillamente como mamá canguro llevaba a su hijito en su bolsita mientras daba saltos para desplazarse de un lado para otro como si estuviera la mar de feliz y contenta. Pero a Zatortxo todo aquello le parecía la mar de aburrido, así que en medio del paseo tiró de la cola del león para decirle:
- Gracias Señor león pero creo que me voy a dar la vuelta, aquí no he encontrado la felicidad.
Al llegar de nuevo al lago, nuestro expedicionario en busca de la felicidad, agarró la venda y justo cuando se disponía a anudarla a su cabecita apareció un oso que le dijo:
- Buenas pequeño topo, he oido que buscas la felicidad ¿no es cierto?
- Pues sí, así es amigo oso.- le respondió Zatortxo sorprendido.
- Deja esa venda ahí y sigueme ¿Ves ese camino de la izquierda? pues por ahí es. Yo te acompaño.
- De acuerdo Osentzio ¡yo te sigo!- le respondió ilusionado nuestro amigo de hocico largo y nariz redondita, negros y brillantes ojos y cuerpo peludito con forma de bola y largas uñas.
En el camino que emprendieron vieron como las aves rapaces se lanzaban en busca de sus presas, como los guepardos corrían a la velicidad de la luz, o como los búfalos peleaban entre ellos mismos para asegurarse ser el jefe de la manada. Aquello tampoco lleno a Zatortxo, así que tras golepar en las patitas traseras del oso para captar su atención, el topo comentó al oso lo siguiente:
- Gracias Señor oso pero creo que va a ser mejor que vuelva al lago, no creo que estos animales me enseñen lo que es la felicidad.
Zatortxo estaba un poco cansado y desanimado, dispuesto a siestear un ratito, por lo que se tumbo sobre la hierba apoyando la cabeza sobre una pequeña piedra y colocandose la venda sobre los ojos se dispuso a dormir un ratito. Nada más lejos de la realidad... en menos de dos segundos, ante sus ojos se apareció una inquietante salamandra que tirando de la venda se clavo sus ojos ojos en la mirada de nuestro protagonista:
- ¡Hooola, pequeño topo! he oido que buscas la felicidad ¿no es cierto?
- Emmm, bueno...- dudo de primeras Zatortxo.- Emmmm, sí, sí. Busco la felicidad. Sí.
- Pues mira fijamente los pasos que voy dando, sigueme.
- Pero es que... es que... iba a dormir la siesta...
- ¡Qué es que, ni que es que ni que ocho cuartos! ¡Sigueme! es ese camino que ves ahí detrás.
Zatortxo se incorporó dejó su venda enganchada en las ramas de un pequeño bonsai y emprendió camino tras el réptil. Éste le enseño como tomaban el sol las lagartijas, como cantaban los grillos o como vagoneban las cigarras, pero eso que veía tampoco tampoco debió de convencer a nuestro protagonista porque poniendose justo delante de Sandra la salamandra le dijo:
- Gracias Señora salamandra creo que va aser mejor que vuelva sobre nuestros pasos, no me siento feliz aquí.
Al llegar al bonsaí donde había dejado su venda nuestro topo se topó (valga la redundancia...) con un lobo que mirandole mientras sonreía con aires de superioridad le comenzó a decir:
- Buenas pequeño topo, he oido que...
- Sí, sí, sí ¡sí! ¡lo sé! has oido que busco la felicidad ¡¿no?!
- Así es, sí.
- Pues puedes volver por donde has venido. Ahora mismo voy a dormir mi siestita.
Y tras decir eso Zatortxo se colocó su venda en los ojos y se escondió en su agujerito que le llevaba bajo tierra, justo al lado del lago. Allí acurrucadito en su esquina favorita aislado de todo y de todos, sin ver pero sintiendo el frescor de la tierra, el olor de su hogar y el airecillo golpear su naricita, soñó con la felicidad, sintió la felicidad, esa felicidad que él tanto deseaba.

2012/04/22

LA ELEFANTA CIEGA


Había una vez una elefanta juguetona que cuando se aburría se ponía a jugar con su ojo. Tal y como lo oyen. Alzaba su trompa, pinzaba su ojo derecho y ¡ale! a jugar con él a Ping-Pong. Lo lanzaba con su patita hacia arriba "ping" y lo recogía con su trompa antes de que cayese "pong"; lo tiraba con su orejota "ping" y lo recogía con su culete "pong". Así pasaba horas y horas.

Un día de esos en los que estaba aburrida, se quitó una vez más su ojo derecho y se puso a jugar con él. Arriba y abajo, arriba y abajo... hasta que de repente "¡chof!" su ojo calló al agua del río junto al que estaba jugando. La elefanta nerviosa comenzó a remover el agua del río tremendamente nerviosa. Metió su trompa en el agua y empezó a mover su trompa de un lado para otro en busca del ojo, pero en vez de encontrarlo lo que hizo fue enturbiar el agua, ya que levantó el fango, las piedras y la suciedad enclavada en el fondo del agua. Lo intentó durante una hora larga, sin conseguir el resultado deseado... así que decidió pedir ayuda al resto de animales.

Primero lo intentó con los animales del río:

- Sapo, has visto mi ojo? - preguntó la elefanta.
- No, no, no. No he visto tu ojo. le dijo el sapo.
- Y tú salmón, has visto mi ojo?-
- No, no, no. No he visto tu ojo. le respondió el salmón.
- Y tú, renacuajo, tú has visto mi ojo?
- No, no, no. No he visto tu ojo.

La elefanta se pusó aún más nerviosa, así que lo intentó con el resto de animales que se encontraban junto al río.

- Jirafa, tú que desde ahí arriba lo ves todo, has visto mi ojo?
- No, no, no. No he visto tu ojo. Le respondió resignada la jirafa.
- Y tú, jabalí, has visto tú mi ojo?
- No, no, no. no he visto tu ojo.
- y tú, Chimpancé, has visto mi ojo?
- no, no, no. No he visto tu ojo. Lo siento elefanta.

De repente apareció del fondo del mar el hipopótamo, que siempre abría su enorme bocoza con una sola intención: reirse de todo y todos. Así que cuando la elefanta le preguuntó si había visto su ojo, el hipopótamo le miró fijamente y le dijo:

- Sangalí, sangalí, sangalí... que en el lenguaje de la sabana significa "jodete".

Desde entonces cada vez que la elefanta le preguntaba a algún animal si había visto su ojo, todos le respondian que no y luego le decían "sangalí" mientras se reían de ella: hasta que en un momento dado, salió una niña entre los arbustos que había visto todo lo ocurrido, se dirió a la elefanta y le dijo:

- Tranquilizate amiga elefanta. Yo te veo jugar con tu ojo desde aquí escondida todos los días y hoy he visto todo lo que ha acurrido.
- ¡¿sí?! ¿y has visto mi ojo? - le preguntó la elefanta con gran ilusión y esperanza.
- Ante todo y sobre todo calmate. Tranquilizate. tomate tu tiempo.

La elefanta le hizo caso mientras le miraba sorprendida.

- Fijate en el agua, deja que se tranquilice, que el barro levantado repose. Ahora, ahora que el agua está en calma, que se encuentra cristalina y transparente será más fácil que encuentres tu ojo en ella. Acercate al agua, ven a la orilla y mira a ver si ahora ves tu ojo.

La elefanta le hizo caso, se asomó y miró a través del agua limpia y pura, sin ver el ojo por ningún lado.

- Niña, no veo mi ojo, no lo veo.
- Elefanta, fijate bien ¿qué ves?
- no veo nada, cero, nothing...
- ¿Seguro?
- Sólo veo mi carota reflejada en el agua.

La niña se montó en la cabezota de la elefanta y mientras ambas se miraban en el agua del río le señaló su ojo izquierdo diciendole.

- Yo sí veo tu ojo ¿y tú?

2012/02/04

SINBA ETA BEREA EZ ZEN BERE MUNDUA

Bazen behin, ohianean pozik bizi zen Sinba izeneko lehoitxo bat. Benetan estimatua zen bertan bizi ziren animalia guztiengatik; Krokodriloekin sarritan egoten zen jolasten, tximu jakintsuarekin askotan isotirioak kontatzen, elefantearekin maiz paseo luzeak ematen edota hipopotamoarekin lokatz bainuak hartzen ordu luzeak pasatzen zituen.
Hala ere, Sinbak beti gauza bera galdetzen zion bere buruari "zer egongo ote da oihanatik kanpo?". Bere ametsa beste mundu batzuk ezagutzea zen, baina bere amak ez zion uzten bere bizilekutik ateratzen.
- Amatxo! atera naiteke ohianetik mundua ezagutzera?
- Ez Sinba, ez. Oso arriskutsua da, hemen erregea zara seme, baina kanpoan... kanpoan bizitza arriskutsua da.
Gau batean, dena ilun eta lasai zegoela, gure lehoitxoa esnatu egin zen bapatean soinu bat entzutean. Begiak ireki, belarriak puntan jarri eta musika entzuten hasi zen. Poliki-poliki eta inongo zaratarik egin gabe, bere familiakoak ez esnatzeko, soinu arraro hura zetorren tokialdera hurbiltzen hasi zen.
Lehenengo lo zeuden bufaloen sabana pasa zuen, gero zebraz beteta zegoen lakua, beranduago gaua argitzen zuten ipurtargi mordoa zegoen basamortutxoa eta azkenekoz amak beti ez pasatzeko esaten zion mendixka berde hura. Beldurtzen hasia zen Sinba, lehendabizikoz bere amari ez zebilen kasorik egiten, eta behin baino gehiagotan pentsatu zuen buelta ematea baina entzuten zuen musika hark erakartzen zion.
Menditxoaren gailurrera heldu zenean inoiz ikusia ez zuena azaldu zen bere begien aurrean. Etxe handi-handi bat ematen zuen eta bere gainekaldean argi ikusgarri batzuekin "Zirkoa" jartzen zuen. Zer izango zen hitz arraro hori "Zirkua"... 
Bertara hurbiltzea erabaki zuen, tentu handiz hori bai, ez zen fidatzen eta. Arriskutsua izan zitekeelakoan dena erne-erne begiratzen zuen, pausu txiki eta seguruak ematen zihoan eta bere aurrean aurkezten zen edozer ikutu aurretik atentzio handiz usaintzen zuen. 
Jadanik musika bertan zuen. Bere atzaparrekin etxe handi hura ikutu zezakeen eta bertan zegoen zulotxo batetik, barruan gertatzen ari zena ikusi ahal izan zuen. Bertan zeuden gizon batzuk piruetak eta txiribueltak egiten, neska para bat bere gorputza erabat doblatzeko gai zirenak, hiru mutiko malabareak egiten koloreetako bola batzuekin eta baita ikaragarri barregarriak ziren sudurgorri batzuk. Ikusgarria zen benetan!
Halako batean Sinbak hitz batzuk entzun zituen bere atzealdetik zetozenak:
- Psss! Pssss! Eiii! Lehoitxooo! Lehoitxooo!
Sinbak atzera begiratu zuen eta burdin barra batzuen atzean zeuden mangosta eta garotxo basurde ikusi ahal izan zituen.
- Hi! Timon eta Punba gaituk! Irekizak ate hau! Azkar! baina erne ibili hadi horko gizon potolontxi horrekin!
- Ze ba?
- Harrapatzen bahau kaiola hautako batean sartuko hau eta betirako geratu haiz zirkoan.
Amak arrazoia zeukan, ohinatik kanpoko bizitza arriskutsua izan zitekeen. Sinba benetan urduri zegoen. Hasi zen bi animalia horien kaiolara hurbiltzen eta gizon potolontxio hura ikusten zuen bakoitzean geratu egiten zen, iskutatu, erabat geldirik, kamuflatuta egongo balitz bezala. Batzutan ere txistuka hasten zen disimulatzeko asmoarekin. Azkenean lortu zuen kaiolara heltzea eta baita atea irekitzea ere. Timon eta Punba aske ziren baina zailena geratzen zen oraindik, handik ateratzea "Potolontxi" ikusi gabe.

Hatzapar-puntetan hasi ziren hiruak ibiltzen, poliki, lasai, isilik... Xuabe, goxo... baina halako batean basurdetxoak, ezin izan zuen barruan zeukan puzkerra bota gabe aguantatzen.
- PRRRROOOOUUUUUMMMMM!!!
Orduan "Potolontzik" buelta eman zuen eta han ikusi zituen Sinba, Timon eta Punba. Beraien atzetik korrika hasi zen eta gure hiru animalitxoak ere arineketan ibili ziren azkar azkar, luzaroan mendixkara heldu arte. Gizona hain potolo zegoen mendi aldapak ezin zituela igo eta horregatik lehoitxoa, mangosta eta garatxo basurdea mendi gailurrera heldu zirenean aske sentitu ziren betirako eta ohianerako bidea egiten hasi ziren bertan zorioontsu bizitzeko.
Basamortuan zeuden ipurtargi guztiak beraiekin bidaiatzea erabaki zuten, lakutik pasatzean zebrak ere batu zitzaizkien eta sabanako bufaloak denak hain pozik zeudela ikustean beraiekin ohianera joatea erabaki zuten ere.
Horrela, denak batera, manta honen goxotasuna sortzea lortu zuten.

2012/01/24

MOSQUITEJO

Estaban doña hipopótamo, la señora cocodrilo y la minúscula mamá mosquito hablando animadamente de lo buenos que eran sus niños con todos los habitantes del pantano. Tan bien hablaban de ellos, que varios que pasaban por allí quisieron ver sus mejores acciones. Y, al día siguiente, Hipopotamín, Cocodrilucho y Mosquitejo se dedicaron a mostrar a todos cuán buenos podían llegar a ser.
El pequeño hipopótamo decidió llevar agua a todos los animales enfermos de la zona, que estaban heridos o no tenían fuerzas para llegar hasta la laguna para beber. Su gesto fue milagroso para muchos, pues aquel año era muy seco, y estaban tan lejos de la laguna que pensaban que no aguantarían hasta las lluvias. Por su parte, el cocodrilo pasó todo el día vigilando la orilla y actuando de socorrista, evitando que se ahogaran un buen puñado de animales despistados que se mostraron sinceramente agradecidos y sorprendidos de ser salvados por un cocodrilo. Todos felicitaron a Hipopotamín y Cocodrilucho, y se preguntaban qué podría hacer el pequeño mosquito que fuera comparable con tan bellas acciones.
El mismo Mosquitejo pensaba que no podría igualar por sí mismo a sus enormes amigos. Pero en lugar de rendirse, dedicó el día a hablar con unos y con otros, a visitar amigos de aquí y allá, y se presentó por la noche con todo un ejército de animales formado por monos, hormigas, leones, elefantes, serpientes, búfalos, escorpiones, jirafas... cuyo objetivo era, durante un único día, dedicarse por entero a mejorar la vida de la laguna. Y tal fue su trabajo y su buen espíritu, que un día bastó para renovar por completo aquel lugar y resolver la mayoría de los problemas, quedando todos los habitantes del pantano verdaderamente encantados.
Y ya nadie dudó de Mosquitejo, que había mostrado ser tan bueno que incluso era capaz de conseguir que los demás fueran aún mejores.

2011/11/30

MITXELA KARRAKELA

Mitxela Karrakela

Mitxela karrakela pozik bizi zen itsas hondoan. Itsaslasterren erritmora kulunkatzen zen, eguzki-izpiak bilatzeko harearen gainean deskantsatzen zuen eta noizean behin paseoak ematen zituen.

Egun batean zera esan zion karramarro batek:

-       Bizi naiteke zurekin?

Mitxelak, gogoeta egin ondoren, erabakia hartu zuen: ermitaua izango zen, aspaldiko asaba bat bezalako.

Hasi ziren biak, karramarroa eta karrakela elkarrekin bizitzen, hura honen barruan egoten. Baina hasi eta gutxira arazoak sortu ziren. Karramarroak sudurrean sartzen zituen matxardak, hotsa ateratzen zuen jateko orduan, ez zuen garbiketan laguntzen eta, txarrena, haren “uzkerrek” gure Mitxela karrakela guztiz zorabiatzen zuten.

Goiz batean, Mitxelak, pazientziaz eta errespetuz, gauzak nola egin behar ziren azaldu zion karramarroari. 

-       Hara, sudurrean ibiltzea gauza itsusia da eta, gainera, min eman dezake.

-       Aho itxiaz mastekatu behar da.

-       Beti lagundu behar da bizilekua garbitzen eta ordenatzen… eta “uzkerren arazoa” sendatzeko Itsaso doktorerengana joan behar zuen.

Karramarroa isilik geratu eta etxetik atera zen… eta zenbait egunez kanpoan izan zen. Itzuli zenean, Mitxelarekin hitz egin zuen… eta bien artean, biak batera egoteko, elkarrekin pozik eta gustura bizitzeko, gauza batzuk kontuan hartu, ados erabaki eta, ez ahazteko, zerrendan idatzi zituzten.  

Aurrerantzean ondo moldatu eta oso zoriontsuak izan ziren. Karramarroak paseatzera eramaten zuen Mitxela… eta karrakelak babestu egiten zuen karramarroa itsasoa zakar zegoenean.