Mostrando entradas con la etiqueta VidaYa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta VidaYa. Mostrar todas las entradas

2019/01/27

BEHOBIA 2018

Vuelta a la línea de salida como ya manda la tradición de cada otoño, la ilusión que marca gran parte del año llegaba al día D. Venía de la Behobia más larga en el tiempo, aquella en la que llegué a la meta allá por febrero y me encontré con la Behobia más larga en el espacio y definitivamente la más corta en el tiempo. Por fin el record, por fin el sueño más soñado hecho realidad. 

Corrí el primero de los kilómetros en Halden, allá por julio, tranquilo, sin más prisa que adaptar mis piernas a lo que me esperaba, sentir el calor allá en el frío, en aquel lugar que sin tener nada de especial, se ha ganado un hueco en nuestro corazón. Mientras disfrutaba del paisaje, mientras realizaba ejercicios en el bosque, en el jardín de esa casa con manzanos, cerca del menos fiordo de los fiordos, quizá dejaba surgir un nuevo sueño al que quizá algún día agarrarme: Grenserittet.

Quise mantener la marcha, simplemente rodar, y subiendo allá por Dolomitas, no forcé nunca el ritmo. Rodeé las Tres Cimas de Lavaredo, ascendí a lago di Sorapis y también descendí de aquel refugio, sin saber que "ganaría" la Behobia en los descensos. Dos kilómetros más por Eslovenia, subiendo hasta el castillo en su capital y uniendo Portoroz y Piran junto al Adriático.

Parecía suficiente para saber que el cuerpo se sentía bien, que las tiradas daban sus frutos lejos del hogar pero también en él; y es que Arditurri, el bidegorri jamás me ha dado la espalda. 

Kilómetros 6 y 7 en el Mediterráneo. El sexto a tope, como si fuese montado en bici, allá por Ripollet o en Girona por El Carrillet. El séptimo, más tranquilo, sin prisa pero sin pausa. Como nadando en una inesperada playa allá por Gandía. 

Las sensaciones eran geniales, tocaba bajar Gaintxurizketa y ganar ahí sin saberlo más que tiempo, un sueño. Descender como tantas veces lo había hecho de Beraun o de Agustinas este año, en el más utilizado de los circuitos.

Apreté los dientes, forcé un poquito la máquina hasta llegar a casa, recordando lo sentido en Donibane Lohitzune en aquella triatlón en la que volé y volaré, y rememorando aquel calentamiento que de poco parecía servir bajo aquella tromba de agua, la mayor, del verano en Getxo.

"Cuidado" me dije, "recuerda lo ocurrido justo aquí el año pasado". Pero no, esta vez no. Kilómetro 11 de Zubiri a Pamplona, cuesta abajo y muy metido en carrera. Tocaba apretar en el 12 en Capuchinos, como lo hice en Roma, la eterna Roma, con aquellos kilómetros de tanto valor tras horas y horas de viaje, con el frontal aportando luz que resultaría a la postre clave.

Y lejos seguía para llegar cerca subiendo por Jaizkibel, intentando otro record que se atragantó como tal, pero que aportó sin saberlo en el más importante de los records. Como Sorondo en el 16 pasando por Añarbe. Dificultades que poniendo por un momento en riesgo lo que parecía estaba casi hecho, por lo que toco apretar en Miracruz.

Tres kilómetros, solo tres, para la gloria, luchando más que nunca en esos metros, dándolo todo en el descenso que de nuevo volvía a marcar el objetivo. Cerrar los ojos y verme en el barrio, en Orlegimendi, solo, hablando conmigo mismo y encontrado en autocargas, ejercicios específicos y sobre todo, en la constancia, la fuerza para recuperar la senda de la victoria.

Avenida de Navarra, como Arritxulegi, Agina, Bera o Lesaka que también aportaron este año. Y en la Zurriola recuerdos de cada salto en lo que pareció una derrota tras otra en agosto y terminó siendo la más grande de las victorias. Kursaal, puente, María Cristina y al fin el Boulevard. Satisfecho, alegre, contento, orgulloso. Merecido.

...Gaurko errealitateak...

2018/11/18

CORSA DEI SANTI


And I arrive again, another sport challenge was one of the reasons to be there but in this case without wheels, just running. 

One of the reasons, yes, but not the only one. Maybe the happinnes was the most important but I want to know the places where some years ago she found the first big step in one of the longest races it may exist, I wanted to feel the sensations multiplied by two. I needed to eat in Da Enzo. Aniway, the bliss could be the way and, in the same time, the finish point in one of most beatiful races I have ever done. 

I started and I finished in the Vatican, I saw the San Angelo´s castle, the Venice square, Santa Maria Maggiore´s church, I rediscover Piazza del Popolo and of course, the big Coliseum where I felt winner again, where I felt the most emotional moment in the fast 47 minutes and 41 seconds. The second most fastest race in my life running in 4:46 the kilometer. 

2018/04/08

WIR WÜNSCHEN: UNENDLICHKEIT - Capítulo 5: FUSSEN

No podía ver nada, tenía los ojos tapados y las manos y los pies atados con unas cuerdas que a su vez, parecían estar conectadas entre sí.  Tan solo podía oír las voces de aquellos soldados alemanes y el ruido que desprendía el motor de aquel potente todoterreno. Walter no estaba allí conmigo y di por hecho que a él lo llevaban en el otro carro, el de bandera italiana.

Los soldados no nos trataron mal, ni siquiera al detenernos cuando tuvieron que ejercer cierta fuerza a la escasa resistencia que opusimos para poder dejarnos inmovilizados y sin visión. Desde el principio nos dijeron que seriamos libres si colaborábamos con ellos, pero lo cierto es que yo de camino a donde quiera que fuéramos, me temía una vez más lo peor. 

El coche redujo su velocidad hasta llegar a pararse por completo, sentí por el frío que la ventana se abría permitiéndome escuchar primero una nueva voz externa y después el sonido de unas puertas abriéndose ante nosotros justo antes de que el coche volviera a avanzar unos metros.

-Hemos llegado, quítale la venda de los ojos. Ya puede ver dónde estamos, eso sí, las manos y los pies que sigan atados hasta que pueda realizar la tarea.

Mientras notaba como las manos se acercaban a mi cabeza y comenzaban a aflojar aquella especie de antifaz, tan solo deseaba no encontrarme de nuevo en un campo de concentración. Se me hizo eterno aquel tiempo que estuve dentro del vehículo todo terreno, pero desde luego no había dado tiempo ni mucho menos para retornar a Dachau. 

Cuando al fin mis ojos quedaron al descubierto, miré a través de los cristales y pude ver como Walter se encontraba también allí, descendiendo del otro coche. Una nueva mirada cómplice reconfortó mínimamente mi estado a pesar de la incertidumbre que suponía estar en aquel lugar desconocido.

Nos condujeron a ambos a una sala solitaria y en el trayecto hasta llegar a ella, parecía evidente que no nos encontrábamos en nada parecido a Dachau. Si aquello era una prisión desde luego nada tenía que ver con aquella explanada rectilínea, fría, simétrica y ante todo y sobre todo triste y lúgubre, pues las paredes e incluso los techos estaban revestidos con pinturas extraordinarias, los suelos cubiertos por alfombras con dibujos geométricos perfectamente unidos unos a otros y la luz se imponía ya no solo en los pasillos, sino también en aquella sala en la que nos encontrábamos de momento solos y expectantes.

-Ya te dije que no nos podíamos fiar de ella.- Comenzó diciendo Walter.- Alguien que lleva impreso en el frontal de su coche el logo de las Fuerzas Nacionales Fascistas Italianas no puede ser pájaro de buen agüero. 

- Rasso parecía un hombre de fiar, de total confianza para su primo Borja Mari.- repliqué yo.

- Sí pero no es Rasso quien nos llevo a Reutte, ni quien te convirtió en su marido. Fue ella y recuerda como era saludada al entrar en cada cervecería de München, al doblar cada esquina de la capital Bávara.- Siguió furioso mi siempre negativo amigo.- Como nos desnuden tal y como hacían a todo aquel que entraba en Dachau estamos perdidos.

Tenía razón, los números tatuados que ambos llevábamos en nuestro antebrazo podían delatarnos ante los soldados de las SS. Aquello sería el fin definitivo si es que el hecho de estar allí retenidos ya no lo era. Posiblemente tras el recuento realizado la mañana siguiente a nuestra huida, los nazis abrían colocado infinidad de controles con el único objetivo de encontrarnos, vivos o muertos. Quizá por eso estábamos en aquel momento allí.

Y en cuanto a los comentarios de mi amigo respecto a Karina Ruocco, no podía decir que no tuviera razón. Había sido un tonto dejándome engatusar ciegamente por aquella italiana afín a Mussolini y sus ideas.

La puerta que quedaba justo enfrente de donde nos encontrábamos sentados, se abrió dejando pasar por ella a dos personas uniformadas. Él portaba el símbolo del PNF, ella el de las SS.

-Si colaboran, todo irá bien. Les necesitamos para acelerar un pequeño trabajo nada más.- dijo ella.

- Todo dependerá de lo rápido que lo hagan. Según mis previsiones antes de que anochezca podrán ser libres de nuevo.- Anadió él.- No tenemos duda, tras el control de ayer, de que son afines al Führer, sabemos que colaboraran por tanto ¿verdad?.

- Por supuesto dijo Walter.- yo preferí asentir realizando un gesto con la cabeza. 

- Así me gusta.- prosiguió la mujer.- Su cometido será trasladar material al almacén del edificio. Cuando hayan acabado les trasladaremos a Reutte de nuevo. Eso sí, siempre y cuando cumplan las normas: no podrán salir nunca de la zona de trabajo, está terminantemente prohibido ver más allá del depósito de materiales y la zona de llegada de carruajes. Además realizarán su labor en silencio, no queremos que intercambien una sola palabra con el resto de trabajadores, ni siquiera entre ustedes mientras están trabajando, simplemente colaboren y limítense a escuchar la música y por supuesto a almacenar el material.

-Por último, sepan que han de llevar siempre puestos estos dos elementos –explicó el oficial italiano mientras sacaba de su morral dos sombreros verdes de copa corta y un par de bigotes postizos de tamaño considerable.- Bajo ningún concepto podrán quitárselos, no lo olviden.

Llevábamos dos días con una peluca postiza acompañándonos día y noche, por lo que taparla con aquel sombrero digno del más selecto café de Milano, podría resultar hasta deseable. Lo que no me hacía mucha gracia, era añadirle aquel mostacho anaranjado, grueso y de mal gusto. Conociendo a Walter sabía que a él la idea le gustaba menos aún. 

-Pasen al comedor. Podrán comer y beber todo lo que deseen durante los próximos diez minutos, después comenzaran su tarea hasta que ésta esté finalizada. Pónganse el bigote, el gorro y vengan con nosotros.´

Hicimos lo que nos pedían, nos levantamos y comenzamos a caminar siguiendo los pasos de los  dos fascistas. La sonrisa de Walter cuando cruzamos nuestras miradas, seguida de aquel guiño de ojo, me recordó plenamente al momento en el que acabábamos de ponerlos la peluca frente al Olímpico de Münich. Nos veíamos totalmente ridículos pero mucho mejor que con aquel pseudopijama númerado a rayas que portábamos en Dachau.

Traspasamos un par de pasillos, más decorados si cabe, que los que habíamos pasado antes de entrar a la sala de espera de la acabábamos de salir. Llegamos a un portón de madera tallada enorme tras el que se encontraba un lujoso comedor con dos platos llenos de comida y varias jarras de cerveza.

-Recuerden, ahora ya solo les quedan nueve minutos, así que no pierdan más tiempo.- nos dijo la mujer justo antes de que el oficial añadiese la siguiente frase:

-Cojan energía, la van a necesitar… 

Comimos con ganas, todo lo rápido que pudimos y bebimos cerveza como si no hubiera un mañana. Justo tras uno de esos enormes tragos el oficial se me acercó con una cámara fotográfica enorme mientras reía a carcajada limpia.

-¡Jajajajajaja! Quiero inmortalizar este momento ¡se ve usted espléndido! 

Debí de salir en la foto con cara de extrañeza, no sabía muy bien porque no solo el soldado se reía, el bigotón que estaba a mi derecha, Walter, también se lo debía de estar pasando muy bien.

-Venga una más, eso sí, ahora quítese la espuma del bigote y simplemente beba.- dijo aquel hombre, que parecía ser de lo más alegre y amable que había conocido dentro del entorno fascista.

Lo cierto es que no me hacía mucha ilusión que captara imágenes mías un hombre al que acababa de conocer y cuyas intenciones aún desconocía, pero el hecho de poder seguir bebiendo aquella extraordinaria cerveza que según el grabado de la jarra de porcelana, estaba hecha en honor de Konig Ludwig del que tanto nos había hablado Borja Mari en Dachau, suponía un verdadero placer. 


Transcurrido el tiempo estipulado, pasamos a la sala contigua, el almacén al que antes habían hecho referencia la mujer y el hombre soldados. Una veintena de hombres con sombrero y bigote se encontraban ya trabajando en él, pero lo que más llamaba la atención era la cantidad de oro, piedras preciosas, metales y obras de arte que allí se encontraban. Llegaban hasta allí en carruajes tirados por caballos que los bigotones se encargaban de vaciar para ordenar en aquel depósito. Unas lonas cubrían las ventanas y la entrada siempre que no había un vehículo alguno en ella. El silencio era sepulcral, tan solo lo rompía algún que otro golpe al depositar el material, el relinchar de alg´n caballo al entrar en el  hangar y por supuesto, aquella música clásica que como me temía, hizo soltar con disimulo alguna lágrima a Walter. En Dachau ocurría lo mismo. 


Trabajamos durante horas, siempre vigilados por soldados alemanes, en silencio, con esfuerzo y orden. Al principio la llegada de carruajes era constante, pero poco a poco ésta fue decreciendo para desaparecer por completo. Cada vez quedaban menos joyas y artículos de lujo por almacenar ¿Sería verdad que tras acabar aquella labor seríamos libres de nuevo?


Estaba a punto de acabar. Creo que aquella lámpara bañada en oro y con detalles de marfil incrustados en ella, podría ser mi última carga. La dejé en uno de los pocos huecos que quedaban, justo al lado de una pequeña puerta situada en una de las esquinas del almacén. Parecía entreabierta y no pude reprimir mirar por aquella rendija para ver que había más allá. La sorpresa no pude ser mayor. Los dos oficiales que nos habían expuesto la labor a realizar, se encontraban desnudos y mostrándose algo más que cariño el uno a la otro, y aunque parezca mentira, pues tan solo en sueños creía recordar lo que era el sexo, no fue eso lo que más me llamo la atención. Allí, al otro lado de la ventana, podía verse el castillo, una obra perfecta, magistral. Era sin duda el castillo de Neuschwainstein, del que también Wittelsbach nos había hablado.


Walter me cogió del brazo y tiró de él sacándome de aquella habitación, pero ya era tarde. La pareja me había visto y el vigilante soldado, situado detrás justo de mi amigo, ya me apuntaba con su pistola.





2018/04/07

WIR WÜNSCHEN: UNENDLICHKEIT - Capítulo 4: REUTTE


Dachau esta vez resultó ser un recuerdo nada más. Afortunadamente nuestro camino continuaba, tan solo fue un cartel y un pueblo a lo lejos que aparentaba normalidad. Nada más lejos de la realidad. El silencio se prolongó por kilómetros durante un largo tiempo en el que nadie quiso siquiera abrir la boca, hasta que me propuse cambiar la dinámica que había adquirido la ruta y saber algo más de ella.

-Y bien Señorita Ruocco, diganos ¿Quién es Karina?- Pregunté.

- ¿La persona de la que ahora mismo depende su vida?- contestó con ironía una vez más.

- ¡Vaya! ¡Debo de estar en racha! primero me espera en una montaña mágica con una sonrisa preciosa, la única que le he visto hasta ahora, pero preciosa, después me ofrece cobijo en una de las mejores viviendas de Münich, ejerce de inigualable guía turística, me muestra la más selecta comida bávara regada con las mejores cervezas del mundo, me obliga a casarme con usted y encima ahora se presenta como mi propia vida… 

Karina, con la mirada fijada en la carretera nada más, mantuvo su línea diciendo:

- Exacto, tiene usted mucha suerte, que no justicia de momento, que es lo que  me encomendó que tuviera Rasso  Wittelsbach

- Guapa, inteligente, segura de sí misma, poderosa, más que interesante y además luchadora en pos de la justicia… ¿Por qué?

- ¿Por qué, qué?- cuestionó a la pregunta que le realicé.

- Que por qué pudiendo vivir cómodamente en una mansión, con un coche al que muy pocos pueden acceder en la ciudad más importante actualmente de Alemanía, decide ayudar a dos personas que no tienen ningún valor actuando en contra de ese escudo que porta en el parabrisas.

Walter en este caso fue directo. Era de esas personas que hablaba poco, pero cuando abría la boca lo hacía porque verdaderamente tenía algo importante que decir.

- Creo que bastante tienen con preocuparse de ustedes mismos como para preocuparse por mí, por mi seguridad y por mis razones para estar aquí y ahora con ustedes.

No iba a ser fácil. Parecía claro que aquella joven y bella señorita cubierta en una máscara de ironía y seguridad, no iba a mostrarnos de manera sencilla quién era realmente. Aún así insistí.

-Es usted ahora mi esposa, si los soldados de las SS nos paran en algún control tendré que saber qué contestar-. Insinúe.

- ¡Error una vez más! Es usted mi marido no yo su esposa, así que mejor estese calladito, ya seré yo quién responda por usted si es necesario. De todos modos ¿creen ustedes que han de saber más de mí que yo de ustedes? ¿Acaso yo aparento ser más peligrosa que dos hombres que huyen de un campo de concentración en el que han estado recluidos hasta anteayer? Háblenme si quieren de ustedes y si no, mejor están calladitos en lo que dure nuestro viaje a la frontera entre Bavaria y el Tyrol.

Giré mi cabeza hacía Walter e intercambiamos una de esas miradas cómplices en las que ambos, con solo mirarnos, nos entendíamos. El Tyrol. Las preguntas no sirvieron para saber más acerca de aquella misteriosa mujer, pero al menos conseguimos conocer cuál era nuestro destino y no sonaba mal del todo. No quise detener la conversación en ese punto, una vez que supimos que Karina al menos hablaba si se le daba conversación, así que continúe tirando del hilo que ella misma había lanzado.

- Mi único pecado para acabar con mis huesos en Dachau, fue no querer utilizar la violencia-. Dije.

- Espera empieza por el principio-. Interrumpió ella- ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿De dónde es?

- Antonio Ruocco de Licusati, Salerno, Italia, debería saberlo, soy su marido-. Respondí utilizando el mismo tono irónico que ella utilizaba añadiéndole, eso sí, una sonrisa pícara de la que ella no hacía gala.  

Esta vez al menos sí giró la cabeza y conseguí que su mirada se cruzase durante unos segundos con la mía, posiblemente los mejores segundos en mucho, mucho, mucho tiempo.

-Dejémoslo en que Walter y los otros me llaman El Vasco, tengo aproximadamente su edad y ahora soy su esposo a pesar de la desagradable imagen que ejerce en mí esta horrible peluca-. Añadí.

- Supongo que lo de El Vasco es por su origen-. Prosiguió con interés Karina.

- No se equivoca;. Por lo que veo, está usted muy interesada… y recuerde que puede tutearnos.- Insistí.

Creía que de ese modo todo podía ser más cercano y ello podría ayudarnos a descubrir de un modo más sencillo quién era ella y quizá, quién sabe, romper poquito a poco aquella coraza en la que se envolvía la señorita Ruocco y penetrar, un poquito al menos, en su corazón.

- ¿Me va a decir por qué acabó en Dachau? ¿Es usted judío? ¿Gitano? ¿Homosexual?-. insistió una vez más la joven.

- Se lo he dicho, por no querer utilizar la violencia. Me interesa más si Dios cree en mí que lo que yo pueda creer en él, podría ser gitano por mi apellido, pero si lo soy nadie me lo ha comunicado nunca y si fuese gay, tras conocerla, cualquier atisbo de homosexualidad quedaría eliminado de por vida.

- De acuerdo. Entiendo. Así que hasta ayer al menos usted era gay-. Comentó la chica mientras giraba el rabillo del ojo para ver la reacción de su copiloto mientras sonreía por fin.

Walter no pudo evitar una carcajada y me golpeó con disimulo el hombro derecho, el más alejado a la señorita, delatándose seguidor del irónico humor de la bella Karina.

-¡Eh! ¡Eso ha sido una sonrisa! ¡Yo lo he visto! ¡Sí! Añadamos a todo lo bueno que se puede decir de usted el humor inteligente… Pero no, no, se confunde tampoco anteayer era gay, simplemente cuando las tropas del Caudillo Franco penetraron en mi tierra y la dictadura del de Ferrol no parecía tener marcha atrás, decidí escapar y refugiarme en Francia. La casa de mi padre está a escasos 500 metros de la frontera, no fue difícil pasar a l´otre coté. Con tan mala suerte…- continúe- que viviendo ya en tierras galas y cuando estaba a punto de regresar a mi país, el ejército nazi penetró en Francia como es sabido. Quisieron que formase parte de la "conquista". Me negué. Participé en un acto en contra de la imposición Nacionalsocialista y es cuando acabé preso en manos de esos monstruos ¿Qué le parece?

- Interesante.- es lo único que se aventuró a decir.

-Le toca bella ragazza. Es su turno.-. Apuntillé intentando sonsacar algo de información a la atractiva y misteriosa.

- ¿Y usted? Porque usted es alemán ¿Cómo acabó en Dachau?.- se dirigió esta vez a mi amigo sin reparar en mis peticiones. Un nuevo intento valdío por descubrir más acerca de Karina.

Walter tardó en responder, pero ante la insistente mirada de la Señorita Ruocco por el retrovisor no tuvo más remedio que dar explicaciones.

-Nunca me mostré partidario del ideario nazi, eso es suficiente para ser considerado un enemigo y quedar en el punto de mira de esos asesinos. Ser amigo de un biólogo perturbado hizo el resto para acabar preso.- expuso sin querer dar más detalles.

- Los biólogos están muy valorados entre los nazis.- expuso ella.

- Y los perturbados también...- Añadí yo con sorna.

Lo cierto es que en los meses que estuvimos en Dachau nunca había sabido la razón por la que Walter estaba allí dentro hasta tres días antes de escapar, hasta que se precipitó la huida y Alberto impulsó aquel plan que de momento marchaba según lo previsto. Lo cierto es que ni siquiera entonces me importaba demasiado. El hecho de estar simplemente allí dentro, a pesar de las posibles diferencias, ya nos convertía en iguales. 

Ante nosotros y mientras el sol empezaba a esconderse por el oeste, comenzaron a aparecer unas cumbres nevadas que cada vez parecían más cercanas. La carretera se hizo más estrecha y empezó a serpentear. El hecho de que los oídos parecían taponarse a medida que avanzábamos hacía el sur, demostraba que estábamos ascendiendo. Austria estaba más cerca sin duda.

Fue entonces cuando en una zona sombría, boscosa, nada más pasar una curva de herradura, pudimos verlos. Dos coches de montaña, con cuatro soldados, dos a cada lado. Un nuevo control de las SS. El calor se apoderó de mi cuerpo y doy por hecho que también del de Walter, las manos me comenzaron a sudar e incluso sentí que mi maltrecha pierna derecha emitía un pequeño traquetreo fruto de la tiritona que de momento no podía controlar. La Señorita Ruocco, en cambio, parecía tenerlo todo bajo control y quizá fue eso lo que consiguió tranquilizarme al menos un poquito.

Nada más quedar parados ante ellos, Karina señaló el símbolo que portaba en el frontal de su coche, imagen que en este caso además coincidía con la de uno de aquellos todoterreno. Una serie de palos verticales unidos por unas cuerdas que a su vez sujetaban una especie de hacha situada a su derecha. A los lados, tres letras, P.N.F. y en el fondo, los colores de la bandera azzurra. Esta vez señalar aquella pegatina del parabrisas, no fue suficiente.

-Hallo señorita ¿Dónde van?.- Preguntó con no muy buena cara el soldado que parecía dirigir el control de vigilancia.

- A Reutte, un pueblo a tan solo unos diez kilómetros de aquí.- respondió con convicción Karina.

Mientras el soldado preguntaba y miraba a través de la ventana con ayuda de su linterna, otros dos analizaban la matrícula del vehículo y la cotejaban en un bloc lleno de notas ilegibles desde la distancia; el soldado restante, que se encontraba apenas unos cinco metros por delante de nosotros, simplemente sujetaba una cadena llena de afilados pinchos con su mano izquierda, mientras en la derecha empuñaba su arma.

La linterna apuntó directamente a Walter durante un tiempo prolongado y éste no pudo aguantar sus destellos, lo que provocó que cerrará los ojos e intentase protegerse con su antebrazo, por suerte cubierto con una camisa y una manga de abrigo largo.

-Muéstreme su identificación, joven.- inquirió el oficial de las SS con contundencia.

Walter, nervioso, tardó en sacar del bolsillo el carnet que Karina había conseguido para él. Una vez fuera de la faltriquera, mi amigo extendió su mano fría agarrando el documento con dos dedos y  dejando entrever su nerviosismo reflejado en el tembleque de los mismos. El Nazi lo miró con detenimiento. Lo miró y remiró, se tomó su tiempo. Mientras tanto vi a Karina extraer del bolso su identificación suponiendo que el oficial se la pediría a la vez que me hacía un gesto señalándome que yo también debería sacar la mía. Yo sudaba cada vez más. Estaba más nervioso cada segundo. Tenía miedo de que me hicieran hablar. Aquel alemán seguramente no diferenciaría mi acento, pero la bandera italiana que se reflejaba tras ese símbolo fascista, hacía presagiar que estaba acabado en caso de tener que parlar en el idioma transalpino. Entregué mi pasaporte a la Señorita Ruocco, por un momento pensé que si el soldado nos pedía la documentación, sería mejor entregarle ambos documentos a la vez, así por un lado vería que eramos pareja y sobre todo que no teníamos nada que ocultar.

Uno de los soldados que miraba el libro se acerco al controlador principal para decirle algo al oído. Éste último apoyó su mano sobre el cristal, agarró con fuerza el documento de Walter colocándolo en vertical y tras golpear tres veces el cristal con él, dijo:

-Está bien, continúen su camino.- al tiempo que entregaba a Walter su pasaporte.

En menos de diez minutos, estábamos en aquel precioso pueblo casi solitario. Una vez más habíamos pasado en menos de lo que canta un gallo, del abismo al paraíso. El mal trago y los nervios vividos en aquel control, valieron la pena al llegar a Reutte y sabernos, al menos esa noche, a salvo.

-Bienvenidos a la "gran ciudad" de Reutte.- dijo con una preciosa sonrisa en la boca, esta vez sí, Karina.- Hemos llegado.

-Preciosa.- dije yo mientras le guiñaba un ojo.- y la "gran ciudad" también.

- Lo es.- afirmo ella.- Por cierto, hoy dormirán en la iglesia del pueblo, yo mientras tanto…

- Usted lo que puede hacer, querida esposa, es...- dije yo hasta que ella me interrumpió una vez más.

- No amigo, no, yo no dormiré con vosotros, estaré cerca, en esa casa de huéspedes que ven junto a la iglesia. Por la mañana, al amanecer, seguiremos el viaje. Tú dormirás con tu amiguito Walter… Aquí tenéis la cena.- dijo mientras extraía un cesto con viandas del maletero.- Os espero a las 6 en la puerta del templo.

-Sí. de acuerdo. Pero créame, no era eso lo que le iba a decir. -repliqué yo.- Simplemente quería hacerle ver que no ha puesto el freno de mano a su bonito carro, pero… ¿ha dicho “amigo”, “vosotros”, “tú”…? Vaya, vaya señorita Karina, a ver si es que va a tener corazón y todo… Buenas noches, muy buenas noches...- me despedí mientras Walter volvía a no poder reprimir su risa contagiosa.

La noche resultó placentera, reconfortante en aquel templo de cúpula rojiza. Antes de caer rendido y nadar entre sueños, le expuse a mi amigo la atracción que sentía por Karina a la que cada vez sentía más cercana y abierta, él en cambio, seguía desconfiando. 

Yo dormí en uno de los bancos de la iglesia el más cercano al altar, me apetecía despertar y ver esa maravillosa pintura en lo alto de la cúpula justo antes de poder ver a la bella Karina; Walter, en cambio, como si tuviera algún pecado que confesar, prefirió dormir apoyando su cabeza en el reposa pies del confesionario. 

A la mañana siguiente, a las seis en punto estábamos fuera de la iglesia. El coche de Karina ya no estaba allí, ni tampoco había rastro de ella. Los que sí nos esperaban en cambio, eran los dos todoterreno que el día anterior inspeccionaron nuestro vehículo en aquel control.

2018/04/06

WIR WÜNSCHEN: UNENDLICHKEIT - Capítulo 3: ZURÜCK ZUM HORROR

Temprano partimos sin saber a dónde. Karina Ruocco conducía una vez más aquel moderno y potente coche. Tuvimos que pasar dos puntos de control y en ambos los soldados se cuadraron nada más ver a la Señorita Ruocco y aquel distintivo en el frontal del parabrisas. 

Rasso se había despedido de nosotros tras almorzar deseándonos no la mejor de las suertes, sino la mejor de las justicias.

- En cuanto todo esto acabe, espero volver a verles por aquí y ojalá sea acompañados de mi primo y su familia.

-Dios quiera que así sea, Don Rasso.- Respondió Walter mientras le ofrecía su mano a modo de saludo.

- Gracias por todo de corazón amigo. Ha sido un honor. Resulta esperanzador ver que aún queda gente como usted, como toda su familia. Danke schon .- Me despedí yo. 

- Cuide de ellos, Karina. Nos vemos a su regreso. Auf wiedersehen

A lo que la bella muchacha respondió afirmativamente con un gesto, sin mediar palabra. Cogió las llaves del carro, un par de fotos que nos habían realizado a Walter y a mí el día anterior y una cesta llena de comida.

Una vez habíamos dejado la urbe atrás, comenzó a extenderse ante nosotros una gran llanura, tan solo rota por alguna que otra pequeña colina redondeada y coloreada por la gran cantidad de trigo que terminaba por abastecer a las abadías y fábricas cerveceras que rodeaban la ciudad. En una de ellas paramos tras haber recorrido unos 30 kilómetros dirección norte, justo al lado de un pueblo que según ponía en los carteles se llamaba Freising.

- No os mováis del coche.-Comentó Karina- no tardaré más de diez minutos.

- ¿No podemos acompañarla? puede que la echemos de menos si tarda más de lo esperado.- comenté yo en tono jocoso esperando una respuesta cómplice en la misma línea por parte de ella que jamás llegó.

- Ñaaa... es una posibilidad, pero va a ser que no. Mientras tanto pueden disfrutar del olor que desprende el primer mosto de la birra.

Despareció por la entrada más cercana a una chimenea alta de ladrillo naranja, mientras Walter me explicaba que nos encontrábamos en la que posiblemente era la cervecería más antigua del mundo. Una auténtica universidad de la cerveza, Weihenstephan

- Es guapa ¿eh? le dije a mi amigo.

- Sí lo que tú quieras, Vasco, pero yo aún no me fío de ella. -me dijo Walter- No sé de qué lado está. recuerda que ayer saludaba a todos esos criminales en las cervecerías, es conocida por todos en München y ni siquiera le paran en los controles.

Walter tenía razón en aquello que expresaba. Siempre tan negativo, sí, pero no nos quedaba otra opción, confiar en ella o... confiar en ella. Si la libertad verdaderamente no era un objetivo sino el camino, ésta tenía el nombre de Karina impreso en su ser. 

En menos tiempo del esperado, la Señorita Ruocco volvió al coche arrancó a la vez que nos lanzaba sin mirarnos siquiera, una tarjeta a cada uno. Ambas tenían las fotos que el día anterior nos realizaron en casa de Rasso.

- Bien Walter, como ve usted mantiene su nombre y apellido -dijó Karina mientras arrancaba el coche y ponía rumbo a quién sabe dónde-, incluso su lugar de nacimiento, Bayreuth. Don Alberto estaba convencido de que esta es la mejor opción para mantener su vida a salvo. Y usted... 

- ¡Epaaa! -interrumpí a la bella conductora-  ¿y este nombre? ¿alguien quiere declararse en este coche sin saber muy bien cómo y no somos ni Walter ni yo? 

- Pues como no sea el gato que llevo en el maletero por si reventamos una rueda no sé yo quién puede ser- lanzó con ironía la joven mirándome de reojo-. Dejesé de tonterías y escuche.

- Tutéenos- le reproché.

- Usted. como ve, será de Licusati a partir de ahora, provincia de Salerno.

- Sí eso veo, italiano, pero ¿y el nombre?- cuestioné con interés y una sonrisa un tanto socarrona.

- Su acento latino suponemos que podrá pasar desapercibido para los alemanes, no creemos que diferencien la entonación italiana de la española.

- Vasca- Soltó con una sonrisa Walter recordando las bromas que realizábamos junto a Alberto en el campo.

- Ya y el nom...

- Sí, ok. -interrumpió ella- usted será mi marido a ojos de los alemanes.

- Antonio Ruocco... ¿de verdad que no siente aunque sea un ligero sentimiento de cariño hacía mí? no sé ¿quizá algo así como lo que siente un perrillo hacía su amo?

- Más bien algo así como lo que siente un amo hacía su perrillo, sí... recuerde, usted es mi marido tan solo a los ojos de ellos, pero yo no soy su mujer.- expresó cortante una vez más.

- Está bien, está bien -me resigné-. por algo se empieza...

Tan solo entonces creí intuir el disimulo de una una pequeña sonrisa en el diminuto vibrar lateral de sus labios. 

Fue entonces cuando Walter provocó un retorno ipso facto a la más cruda realidad al leer en voz alta uno de los carteles que marcaban la salida de aquella vía rápida: 

- Dachau. 
El silencio se apoderó del momento a la vez que las imágenes comenzaron a pasar una tras otra en nuestra mente. Las torturas, los recuentos de nuevo, aquel olor terriblemente penetrante que partía de aquella chimenea al otro lado de la valla, de la enorme puerta que cada día más gente llegaba a traspasar en un una sola dirección sin vuelta atrás, sin retorno, el apilamiento en las literas, los gritos que llegaban desde la supuesta enfermería allá junto a las celdas para unos cuantos "elegidos". Y Borja Mari. Imaginarlo allí, abrazando a sus hijos como tan solo ocurría una vez al mes, era la peor y a la vez la mejor de las imágenes. Su único deseo mientras eramos compañeros de campo de concentración, su única ilusión era que llegará ese momento. Ojalá en ese mismo instante, allá adentro, se encontraran todo rodeados por los brazos del gran Wittelsbasch, aunque seguramente no. Él seguía adentro y si no llega a ser por Borja Mari, nosotros, Walter y yo, aún estaríamos presos en aquel infierno nazi. 

WIR WÜNSCHEN: UNENDLICHKEIT - Capítulo 2: MÜNCHEN

No había tiempo que perder. Ella nos estaba esperando ya en la cima de la colina, apoyada sobre la barra de protección desde la que poder ver la grandeza del olímpico Bávaro. Parecía tranquila, muy tranquila a pesar de estar jugándose su vida por nosotros. En seguida nos prestó ropa nueva para pasar desapercibidos, se presentó y nos guió hasta el vehículo que nos llevaría posiblemente al centro de Münich.

- Ich bin Karina Ruocco. Pónganse esta ropa sin llamar la atención y síganme. - Dijo con cierto acento italiano. 

Walter y yo asentimos. Nos vestimos rápido, un tanto avergonzados, eso sí, por la presencia de la Señorita Ruocco. Era bella, con una sonrisa cautivadora e infinitamente segura de sí misma. Prácticamente no hablaba pero daba la impresión de que su sola mirada decía tanto como pudiera ella expresar. Mientras descendíamos de la colina siguiendo sus pasos yo no podía dejar de mirarla. 

- Iremos en coche a Marienplatz hasta la residencia de Rasso, el primo de Alberto.

Que raro se me hacía escuchar ese nombre, Alberto, en el campamento nadie le llamaba así. Para la mayoría era Wittelsbach y para mí, que no sabía pronunciar aquel apellido alemán, ni me podía acordar de las cuatro palabras que componían su nombre compuesto, él era cariñosamente Borja Mari, el consentido del campo.

- ¿Marienplatz? eso está en el mismo centro de la ciudad ¿no será peligroso? nos pueden reconocer. -Expuso Walter un tanto preocupado.
- Sí, lo es. Así que no preguntes tanto y poneos las dos pelucas que tenéis en el maletero. 

Definitivamente ella no mostraba la más mínima preocupación. Una de dos, o le importábamos más bien poco o tenía todo tremendamente calculado y bajo control. Walter y yo nos pusimos aquellos pelos postizos y nos lanzamos una mirada cómplice que venía a significar algo así como: "dejémonos llevar, no tenemos otra alternativa. Cualquier cosa será mejor que retornar allí", para que finalmente Walter soltase lo que supongo que era una broma para quitar tensión al momento:

- Por cierto vasco despeinado, estás muy guapo -guiñándome un ojo. 
- ¡Tú tampoco estás nada mal, locaza! - le respondí siguiéndole el juego, a la vez que los dos entrabamos en la parte trasera del coche.
- No. Uno de vosotros ha de ponerse delante. No soy una taxista y haced el favor de peinaos con raya al costado, como mandan los canones, no quiero levantar sospechas.


Tenía lógica lo que Karina decía, así que en seguida me decidí a ser yo quien la acompañara

en la parte delantera del vehículo. Me limité a dejarme llevar, a disfrutar de todo aquello que podía ver a medida que nos adentrábamos en la ciudad. De un coliseo a otro. Las luces del Allianz Arena estaban apagadas ya cuando pasamos junto a él. Más adelante me sorprendió ver una edificación que parecía traída directamente de oriente. Como tantas otras veces, debí de ser bastante expresivo porque en seguida Walter me explicó que aquello se llamaba Chinesischer Turm y que estábamos en los llamados jardines ingleses.

- Es uno de los parques de ciudad más grandes del planeta. El pulmón verde de München. -Añadió Karina mostrando conocimientos y tranquilidad a la vez.

En seguida nos encontramos en el corazón de la capital Bavara. Increíble pero cierto, hacía tan solo unas horas, aquellos mismos militares para los que tan solo eramos un indeseado número, ahora nos saludaban al pasar junto a ellos en aquel carro conducido por aquella preciosa y aparentemente importante y poderosa mujer.

Paramos ante un edificio imponente, uno de los más elegantes en un entorno ya de por sí cuidado y majestuoso. No pasaron cinco segundos y un hombre, aparentemente el mayordomo del lugar, nos abrió el portón para que el coche pudiera traspasar la entrada y quedar aparcado en el precioso patio interior de aquella casa.

- Seguidme -dijo Karina-, Rasso nos estará esperando en su despacho.

Entramos en la vivienda y ascendimos dos de los tres pisos que completaban la misma. Walter miraba a izquierda y derecha, arriba y abajo, cada detalle, cada decorado del lugar, cada cual más exquisito y recargado que el anterior. Cuadros realistas, paredes pintadas con representaciones de estilo romántico, lámparas enormes bañadas en oro y muebles de madera tallada inundaban cada espacio de aquel lugar sin dar una sola opción al blanco y al negro, todo era color, lujo en aquel lugar. Mi amigo, boquiabierto y cuasicegado por lo que veía a su al rededor, tropezó con uno de los escalones denotando su sorpresa ante tanta opulencia; yo, la verdad, podría haber hecho lo mismo, pero no por el lugar y su decorado, sino por aquella mujer y sus curvas de las que no podía despegar mi mirada. 

- Guten morgen. Rasso, soy Rasso, primo de Don Alberto, aunque eso tan solo lo sabemos nosotros es mejor que sea un secreto, no creo que a muchos de los que custodian este edificio les haría gracia saberlo. 

Respondimos con respeto al saludo de aquel hombre elegante y espigado, que se encontraba en una sala de trabajo tan elegante o más que el resto del edificio. 

- La Señorita Ruocco les guiará hasta que puedan estar a salvo definitivamente. Hoy pasarán el día en la ciudad y dormirán en mi casa, mañana ya partirán lejos de aquí tal y como Don Alberto me indicó que deben hacer, mientras tanto compórtense con total naturalidad, tomen una ducha, límpiense, aféitense, no olviden llevar siempre tapado sus antebrazos y aparenten ser uno más. Willkommen.

Una ducha caliente, música para mis oídos. Con dificultad recordaba la última vez que me duche, como para recordar la última vez que lo hice con agua templada. Habíamos pasado de ser casi uno menos, a tener que aparentar ser uno más. 

- Les espero en la entrada del edificio. En cuanto acaben debemos salir a alternar en las distintas cervecerías de la ciudad. Hoy es festivo, día grande en la ciudad. -Comentó la Señorita.
- No nos trate de usted, Doña Karina. -Contesté intentando ser más cercano. -Y mil gracias por la ayuda y por poner en peligro su integridad por dos don nadies como nosotros.
- Acicálense, les espero abajo, no tenemos tiempo que perder. -fue su respuesta.

Desde luego aparentaba ser tan bella como cortante y dura ¿sería su propia forma de ser o una fachada expuesta por las circunstancias, por el momento que le había tocado vivir en medio de aquel infierno en el que ella parecía ser el único ángel? Daba igual, poco importaba. Lo cierto es que ese carácter la hacía más atractiva aún.
Llegada la noche, pasado un día entero lejos de aquel calvario, aún bajo la influencia de las cinco cervezas, la tripa llena y el cansancio acumulado creo que ni Walter ni yo sabíamos muy bien si lo vivido a lo largo de esas últimas horas, era un sueño o realidad. 

Atrás quedaban la Urböck en Hofbrauhaus¨, las Weissbier en Der Pschorr y Augustiner Keller, incluso aquella insulsa helle en Paulaner o la dunkel en Scheneider Weisses Brauhaus; los brezel con y sin queso, el schnitzel y sobre todo un plan trazado, al menos aparentemente a la perfección, por nuestro gran amigo Borja Mari Wittelsbach y genialmente ejecutado por algún sobornado soldado y aquella preciosa Karina Ruocco.

2018/04/05

WIR WÜNSCHEN: UNENDLICHKEIT - Capítulo 1: RIGA

Al fin escapábamos. De una vez por todas traspasábamos las redes de aquellas vallas que nos tenían presos durante largos, fríos y desapacibles meses. Dejábamos atrás la rutina de días fríos y duros y entre otros, también a nuestro amigo Wittelsbach. Él había preferido seguir unido a su familia, comprensible, a pesar de ser el que seguramente físicamente mejor se encontraba de todos, gracias a ciertas concesiones, que no privilegios, recibidos en el campo por ser tan solo en origen, "uno de los suyos".

Walter era quien marcaba el camino, pues a pesar del tiempo transcurrido y la oscuridad, que ejercía a la vez de dificultad y aliada, sabía cual era la dirección a seguir, yo tan solo le seguía y giraba de vez en cuando la cabeza hacia atrás para ver si alguien se había percatado de nuestra huida y al mismo tiempo así, veía empequeñecer en la distancia las luces que partían de las torres de vigilancia de aquel presidio y pseudocementerio. Miradas, gestos provocados por una especie de síndrome de Estocolmo.

Teníamos ante nosotros unas tres horas antes de que amaneciera para llegar a la ciudad, para realizar unos 14 kilómetros y encontrarnos con la salvación en lo alto del olímpico de Münich. Tiempo más que suficiente para sentir de nuevo la alegría, el bienestar, de sentirnos libres de una vez por todas. 

En el trayecto, miles de imágenes venían a mi cabeza de lo vivido allí dentro. Seguía andando, sin reparar en nada, tan solo seguir los pasos que mi amigo Walter dictaba mientras veía ante mí las filas perfectas de cada mañana al realizar el recuento, los cientos de cabezas rapadas que a pesar de los pesares tan solo ciertos días perdían la sonrisa para animar y saludar a compañeros que sabían se necesitaban unos a otros o simplemente mi sueño de la noche anterior en el que paseaba junto a la libertad por Riga, en aquel tunelcito esta vez sin música pero más solitario y a la vez más acompañado que unos meses atrás, con esa bici apoyada en la pared que parecía hacernos querer recordar lo vintage, lo único de esa urbe del Báltico. Adoquín tras adoquín, recorriamos la ciudad agarrados de la mano transmitiendo calor mutuo ayudándonos a esquivar el frío que emanaban las aguas del río Dviná y admirando por primera vez gracias a ella un puente de colores en medio de la oscuridad. 

- ¡Eh! ¡Ya estamos Vasco! ¡espabila mein Freund que lo tenemos en nuestras manos, ante nuestros ojos! ¿lo ves? - me dijo Walter señalándome con la mano una pequeña colina que se alzaba frente a nosotros.
Miré hacia el frente, dejé a un lado mis sueños letones y le dije, la verdad:
- Solo veo un montículo, nada más...
- Eso es amigo, tras esa montaña se encuentra el estadio, nuestro punto de encuentro.

A pesar del cansancio, del hambre y de la fragilidad que presidían nuestro propio ser, corrimos. El verde se dejaba ya ver con los primeros rayos de sol. Una grama perfecta tan solo entrecortada por pequeños caminos que se abrían paso entre los montones de hierva curvilíneos. Era el último muro a superar. Tras esa montaña se encontraba ella definitivamente, la libertad, escondida junto a aquel coliseo camuflado entre la nada, entre el todo.

2017/10/28

RIGA - NORUEGA


Un salto de Frankfurt a Oslo de nuevo, poniendo un pie, eso sí, en Letonia, en Riga. Un pie, pie y medio, dos... un cuerpo entero en unas horas en las que desaparecer en el ayer.

El Daugaba parte la ciudad en dos, o eso dicen, pues yo lo crucé y de allí no salí hasta que tocó retornar. Un lugar perdido donde pernoctar, en el centro antiguo y pernicioso en cuanto se esconde el sol. Pasos sobre adoquines, aún no mojados, para situarse y acabar preso en Folkklubs Ala Pagrabs, algo así como una mazmorra subterránea donde quedar preso puede ser una buena idea rodeado de una gran cantidad de grifos de cerveza local y del más allá.


Buenos días con xiri-miri de desayuno, almuerzo y casi casi comida, para disfrutar de nuevo de adoquines e incluso de un poquito de cemento para ver el monumento a la libertad o la bonita Catedral Ortodoxa de la Natividad, e incluso hierba en Esplanade.

Pero sin duda alguna me quedo con el ayer de su centro histórico unido a ciertos grafitis del hoy e incluso el mañana. Zviedru Varti, "imperdible" y más bien tempranito cuando nadie pasa por allí excepto uno mismo y el sonido de la música dentro del túnel. 

Creo que volveré y el Báltico se hará un poquito más grande quizá Vilnius, quizá en Tallin, incluso en Helsinki o por supuesto en St Petersburgo. Pero en ese momento no, entonces el salto era de nuevo a Oslo para comenzar por primera vez un retiro primero hacia el oeste y después, por fin, más allá.


Gausstatoppen, no tuvo tope, cima, en sí, la niebla lo impedía, pero se presumían vistas increíbles desde lo más alto, aunque como tantas otras veces la vida, la VIDA, a uno le sorprende, y las vistas resultaron tan increíbles o más desde no tan arriba, desde una roca desviada del camino en la que ver, disfrutar, sentir y gozar. Sonrisas en lo simple que tantas veces es lo más complejo.

Amaneceres mirando al lago, viejas catedrales medievales hechas de madera, travesías en montañas que jamás aparecerán, o no al menos esta vez (apuntado quedas, Trolltunga) pero que hacen valorar aún más, cerca de Rjukan, el valor del sol escondido, del rayo que da calor, energía, luz, VIDA siendo esta propia, ajena y sobretodo compartida. El valor del Xoletin.


Camino de Stavenger, las ovejas, los lagos por todos lados y esa sensación de calidez en medio del frío que se vislumbraba en un invierno aún lejano, hicieron de la ruta una delicia, una Noruega que sin sorprender ofrecía el sabor de lo más real del lugar. 

Por fin los fiordos. O los fiordos de verdad, los que aparecen en las revistas, la tele e internet. Impresionantes no cabe duda, preciosos y aún así con una sensación de que tan esperados, tan imaginados o vistos de modo semipixelado, y por ello dejaron de ser lo nunca visto en sentido figurado y literal. El Preikestolen me enseñó que mi abuela dejó algo más que recuerdos y aprendizajes varios en mi ser. Lugar impresionante, tanto el balcón como el camino y vistas para llegar a él; solo un fallo: todos los turistas que no eramos nosotros. 

Lyseforjd atractivo desde arriba y tanto o más desde abajo. Aprendizaje en forma de conclusión: Noruega es un referente quizá por su naturaleza preservada y por la no falta de carreteras. Es así porque lo era y se quiere que lo siga siendo. El tiempo se mide por tanto y tantas veces, en la velocidad del Ferry. Farvel Kerajbolten.

De Stavenger a Kristiansand y de camino pequeños pueblos con bibliotecas privadas hechas públicas justo al lado de bicis de ayer que en ningún caso van acompañadas de candado alguno. Lugares en los que sentirte pequeño... Ferrys que te devuelven a una extraña realidad, donde hacer la compra a 300kms de casa.

Y de nuevo creo que volveré, pues lo sueños no dejaron de surgir entonces, en el viaje, y siempre que uno se siente en el hogar estructural y aún más en el sentimental. De Trolltunga ya he hablado, Nordkapp tiene su valor, en algún lugar nos tendrá que ver la aurora, hablan de las Lofoten y mira que yo creo que allí, aquí, en Noruega hay que vivir sin esperar, encontrar sin buscar, por eso aún me quedo con Lille Erte, pero me no me olvido de ti Rallarvegen.

På gjensyn!

2017/08/10

WELCOME HOME PROJECT

Ya he soñado, ya he proyectado, ya he pasado horas y horas en la sala de espera de la felicidad y ya tengo de donde a donde rodar este verano: Burgos-Oiartzun será el trayecto. El más corto de los viajes de Orbi, el más cercano de los caminos realizados, el valor de las pequeñas grandes cosas.

Obviamente pretende ser un viaje en el espacio, pero por primera vez también un viaje en el tiempo. Quiere ser, como siempre, una excursión al interior de uno mismo, y a su vez como novedad, un llegar a aquellos que quiero y me quieren

Espacio por la distancia, por el reto de superar una vez más la barrera de los 100kms en una etapa, por seguir la cola de esas flechas amarillas que este verano de nuevo me encontraron y atrayeron.

Viajar en el tiempo también, sí, porque empezar en Burgos no es casualidad. Me ha resultado fácil imaginar viajes pasados que generan el hoy, una línea con inicio en Medina de Rioseco y final en Oitz y viceversa, otra que nació en Jerez de la Frontera y llegó hasta Irun y al revés. Ambas se cruzarían en Burgos y es por eso que el sueño partirá esta vez desde allí.

El viaje a uno mismo no necesita de mucha explicación. horas y horas conmigo mismo, trascendiendo, sintiendo, superando retos, escogiendo ese placentero sufrimiento opcional.

Y sobre todo, llegar a ellos, a vosotros, a los que fueron, son y serán, por los que soy. He llegado a catedrales, grandes capitales, ríos, mares, faros, grandes monumentos y hasta a otros continentes. Pero esta vez no, esta vez quiero llegar a los que quiero, pues no creo que haya nadie mejor en quien creer, ni mayor capital que poseer, ni más grande sensación de eternidad de la que disfrutar, ni más agradable luz por la que dejarse guiar, ni mayor monumento que admirar. Sois mi único continente.

A los que queráis y podáis estar en algún kilómetro, os espero en la Catedral, en Cova, como no, en un lugar donde comprar muebles y zapatos baratos, junto a viñas y a Frank Gerhy, en la Navarra profunda de nuestros antepasados, descendiendo Leitzaran, en la Concha y sobre todo, disfrutando de un baño en la piscina de toda la vida antes de una Barbacoa en compañía de los mejores. Y a los que no podáis y queráis se os echará mucho, mucho, mucho de menos, que es más.


EMAIOK AZKARREGI!!!


GALICIA

Praia das Catedrais, Torre de Hércules, Costa da Morte, Eterna Santiago, Rías Baixas, Islas Cíes... podría acabar aquí mi entrada. Todo dicho. Pero sigo: Pulpo a feira, pimientos de Padrón, empanadas varias, raxo, tarta de Santiago, buen pan, chorizo con un toque picante en una playa frente al Atlántico, queso de tetilla, Albariño, Ribeiro, filloas, zamburiñas, navajas, flan de queso, carne de Betanzos y hasta tortilla de patata y chistorra. Más que todo dicho... menú completo y nunca mejor dicho.

Pero hubo todo esto, sí, y más, mucho más. He aquí la esencia de dicho viaje: poder mirar al cielo, hacerlo y ver estrellas, dejar de hacerlo y seguir viéndolas en platos, copas y hasta en sonrisas y miradas de complicidad máxima.

Y es que tras grandes viajes, Galicia podía quedar un poco pequeña, tan cercana y hasta creía que conocida. Nada más lejos de la realidad. Los lugares conocidos volvieron a impresionar más si cabe y los desconocidos enamoraron, la comida típica tradicional tan buena o mejor que siempre. Hasta aquí todo según lo previsto, pero es entonces cuando aparece Marcelo y hace su casa nuestra, ayudado por Martín, por Javier, cocinando como siempre, con cuchara de palo, cocinando como nunca: Bonito de Burela, encurtidos y vinagreta de tomate seco, Huevo, queso San Simón y migas de pan, Frambuesas de nuestro huerto, kéfir y menta, Dim-sum de orella y gambas, patata puerro, yema de huevo casero y tocino ibérico, Ensalada de tomates bombón con ajoblanco y sorbete de rocoto o Steak tartar de solomillo del país... metáfora gastronómica hecha viaje, sentimiento, simbiosis en estado puro jamás antes sentida.

Va a ser que esto también es GALICIA y no lo sabía... va a ser que esto es la VIDA y no lo sabía.


2017/05/08

ARGENTINA

"VidaYa". Pocas pseudopalabras podrán definir tan bien un viaje a Argentina. El viaje a Argentina. Este viaje a Argentina. Paraiso natural. Gente muy educada y agradable. Palabra. Carne...

Pretendía ser una sorpresa y no por esperada dejó de serlo. Expectativas ya altas que se vieron superadas principalmente por el sentimiento, por las vivencias, también por su gente y sin duda por su naturaleza. 

Venir de estar más al norte que nunca allá por navidad, y en semana santa abrir el enorme regalo más al sur que siempre. Metáfora de mi nuevo mundo tan pequeño y tan grande a la vez, desde que aquella canción de Vetusta Morla con nombre de ciudad nórdica, me condujo a mí mismo y más allá.

Iguazú y su sonido. Verde y agua. Majestuoso, sublime, superior... pero es que estos adjetivos y más, los podría repetir casi a cada paso por la Patagonia o por los Andes. Hasta ese momento no había visto tanto poder natural en directo en la vida. La garganta del diablo resultó ser uno de esos aprendizajes que rompe esquemas, que necesita de asimilar, de vivir el momento de acomodar ideas y aprender lo pequeñito que uno resulta ser ante la inmensidad. Y pensar que tan solo una semana después volvió a ocurrir lo mismo en El Parque de los Glaciares... 

Buenos Aires y su tango admirado y no bailado, La Boca El Caminito y sus colores. No me cautivó la capital y aún así resultó ser tan necesaria, tan esencia de lugar... Suciedad y desorden, siglos de historia en un intento de renovación en proceso, barrios muy marcados por su peso, por sus pesos, gente, mucha gente, y sobre todo tráfico, mucho tráfico. Lugar ideal para sentir de nuevo, lo básico que uno resulta ser ante la novedad al vivir lo nunca vivido. "VidaYa".

Sensaciones y silencio en El Hornacal, Sí. Interesante el cerro de los 7 colores, Andina Purmamarca, única Humahuaca, prescindible Salta y todo lo que podamos decir del resto de lugares próximos a Bolivia se quedan en nada con lo sentido en el mirador del Hornocal. Rompiendo fronteras de nuevo, 4.350 mts. quizá no llegue jamás tan alto, pero es que a lo que seguramente me cueste llegar también, es a poder escuchar de ese modo el silencio, a poder disfrutar de un cuadro perfecto de 14 colores y muchos más ante mis ojos, con la temperatura inmejorable, un cielo perfecto y una compañía ideal. Estoy seguro de que volvería una y mil veces allí y ninguna volvería a ser igual. Maravilloso, viaje más allá del lugar a un mundo de sensaciones. 

Tierra del fuego, La Laguna Esmeralda, Redescubrir el poder de un faro, lugar donde encender las luces, donde terminar… o empezar. Donde comer una parrilla, empanadas, alfajores y sobre todo ese cordero no sé si fueguino o patagónico, pero ese.

La base de El Chaltén sin su Fitz Roy con la Laguna Torre gelida, El Calafate, y en especial el summum final de poder VIVIR más incluso que ver el Perito Moreno. Sin palabras. Todo lo que pueda decir es poco. Quizá debiera ser argentino para tener la facilidad de palabra necesaria y poder describirlo como merece.

Y aún así…  aún así, me quedo con la sorpresa que sin serlo, lo fue, con el cariño, detalle e ilusión con el que se proyectó, se soñó, este viaje y finalmente se VIVIÓ. 

¡Quéh bueno queh vinihteh! Quéh bueno quéh vinihteh… a mi vida, mi vida. 


2017/01/29

ISLANDIA... incluso OSLO, HALDEN, MADRID Y OIARTZUN

Cualquiera que hable de Islandia va a hablar de sus cascadas, sus aguas termales, su radical tiempo, su gente tranquila, los glaciares, icebergs y demás, y yo... yo no voy a ser menos, pero aún a riesgo a sonar arrogante, aquello pudo ser lo de menos aún siendo lo más grande que he visto en tiempo y de lo más grande que he visto en mi vida.

Seljalandsfoss, se apareció ante nuestros ojos casi sin saberlo al igual que aquel día que me enamoré de ella cuando apareció en la imagen de arranque de Windows en mi pórtatil. Soñé con verla desde atrás con el sol de fondo en un amanecer o anochecer de ensueño, me conformé con calarme entero impresionado por su poder; Skogafoss nos acunó con su sonido en la noche; y Gullfoss, nos abrió la mente en una demostración de que la naturaleza siempre será más grande incluso de lo que uno puede llegar a imaginar.

Jokulsarlon, uno de los lugares que más me han impresionado desde que puse los pies en esta tierra. Hielo con color de pitufo flotando en un lago inmenso. De nuevo una sensación de poder celestial en la tierra. Nunca antes tan cerca del cielo... jamás tan cercano al infierno. Y aún así creo que solo vimos eso, la punta del iceberg, y nunca mejor dicho,

Imprescindible resulta la prescindible Reikiavic, capital más septentrional de Europa. Identidad propia en la, seguramente, urbe menos identitaria de toda la isla. 

Jamás había pasado tanto frío, no había sentido tanto calor salir de la propia tierra y aún menos había mezclado ambas sensaciones hasta hacerlas placer puro. Impresiona el geyser Geyser, aún más Strokkur, te sorprende la Secret Lagoon y tanto o más el Blue Lagoon.

Tanta lluvia, más nieve, aún más viento e incluso bellos momentos de sol y estrellas. Ni rastro de la aurora boreal soñada, en cambio, rastro sí de la aurora boreal vista. Pequeña en su proyección, tan grande en su valor. Kilómetros recorridos en su búsqueda, sueños compartidos hechos proyecto y camino aún sin ser realidad soñada. Enseñanza, moraleja, aprendizaje, crecimiento: La felicidad es un camino, no un destino.

Y en el camino estamos y en el camino queremos estar. Ya un día escribí que Islandia resulto ser el regalo en sí, envuelto en papel Gipuzkoano, celo Noruego y pegatinas de felicitaciones Madrileñas, que una vez despojado todo ello, el país del hielo hacía acto de presencia dejando ver el legado quizá más importante, y hoy en cambio, pasado ya un tiempo siento que incluso Islandia resultó ser una parte del envoltorio de lujo. El regalo esencial no fue sino el sentimiento compartido, el deseo de una VIDA en común.

LONDON AGAIN

I returned to London again. The more London I have ever seen, the less London I have ever lived. Maybe the place it was just an excuse, we were the essential, the big reason to stay in this case there, in the big city.

How special it could be any place, any apartament if you want to be. You can feel strange sometimes when you are an artichoke and you don´t know, but it doesn´t matter if you feel that she has arrived to you when you have shown your heart. 

2016/10/14

PARÍS

Unos días antes uno ve "París, Je t´aime", una serie de cortos que conforman un largometraje prescindible, y es cuando se dice a sí mismo que quizá sea mejor marcarse su propia historia, su propio cortometraje. Dicho y hecho. Día de trabajo intenso, compra de un par de libros que alimenten el sentimiento, tiempo incluso para salir a correr y volando a volar para antes de la "midnight" aterrizar en la "Gare du Nord" y dormir bajo el cielo parisino. Grande esa sensación de hacer el mundo pequeño.

Dormir, soñar, despertar, volver a soñar con los ojos abiertos, saborear un croissant, o dos, o cinq... pasear, filosofar, rozar el Pompidou, andar, descubrir L´Ouvre, mirarse, gozar en Les Tuileries, en Les Champs Elysés, triunfar en el Arco del Triunfo, no hacerlo en Les Apotres de Pigalle tras descansar un poquito, cenar italiano llegado de Asia en Francia, ir de compras de noche en el Boulevard de Clichy, tomar una cerveza belga, subir al cielo, soñar, seguir soñando de nuevo, redormir, siestear de buena mañana, visitar a la doctora, ir de picnic a "Champs de Mars" con vistas a la Torre Eiffel, perseguir el Sena, fotografiar Orsay, llegar a Notre-Dame, perderse en el barrio Latino, cerrar los jardines de Luxemburgo, el Panteón, saborear "soupe à l'oignon", "une reclete" y "profiteroles" bajo la atenta mirada de un Reno que inspira una navidad bajo la aurora boreal, querer ver la torre de noche y no hacerlo, sentir dolor, hacerlo olvidar, abrazar, brunchear en "Coquelicot", desear volver a hacerlo en otro par de sitios de la zona, encontrarse en Montmartre, divisar Paris desde el "Sacre Cour", probar queso verde, rosa y azul, seguir paseando, descubriendo, descubriéndose, conociendo, compartiendo, sonreír de nuevo, proyectar el futuro, despedirse en la estación y volver a hacerlo un piso más abajo.

Camino del sur, me encuentro en un dibujo y encuentro tras de él emociones que emocionan. Vida que da VIDA. Siento que el cortometraje toca a su fin. Siento que la película no ha hecho más que empezar, al igual que la colección de postales.

2016/10/01

MADRID, GIPUZKOA, FRANKFURT AND "MIND"...

And the journey continue, it goes on between dream and reality. My mind carry on flying from one place to another, dreaming everywhere I want to be near the sun, near my life, and not only in dreams, also in facts. 

I came back to Frankfurt again, I need to be there and reconcile my own with some places in the city. I rediscovered Sachsenhausen, I forgot "The methadone center", I enjoy again Römemberg or Eisener bridge, I learn how special could be just a window, a corner in a doorway or a bathtub, I know Friedberg or Bad Homburg and his brewery but the most important thing I did it had been to descry the skyline from the other side of Main, in this case not alone. So close that I had seen in my dream when I passed by there the first time.

From Frankfurt I jumped to Madrid, to the Kingdom´s center. I went so fast, we staid so fast and I came back so fast too. Everything so fast but marvelous, special and sometimes strange but grate. 

And my town, my city, my region again, unforgotable the thursday when I answer that I hadn´t anything special to do that weekend and finally everything I did, we did, it had been special. Sometimes I have spoken about how important it could be the small details in our life but in this case I should speak about how wonderful are the big facts in our life,

The journey is only in its firsts stage so I want to travel and to be totally unsubmissive...

2016/09/13

TOURIST AT HOME

Five days five (my grandma favourite number in an special day to remember her, my favourite number too) to LIVE, to rediscover the feeling of the esencial in this life, to know what I want, who I want to be, to stay like I want to stay, to be like I want to be.

When I write here about my travels, about my speriences, normally I advise some places or somethings to do, so I will try doing the same in a few lines: have a wonderful reencounter who someone who is special for you in Loiu airport (desing by Santiago Calatrava). Taste some "pintxos" in Donosti in the old town or in the center of the city in taverns like "A fuego negro", "La cuchara de San Telmo", "Txuleta", "Zeruko","San Marcial"... and finish having a dessert in "La Viña" with his famous cheesecake and everything in the best company you can have. Don´t forgot to visit Biarritz with someone at least as beautiful as the french city. Hondarribi is another nice place to share the best smiles and experiences in the beach and then take some "pintxos" in "Gran Sol" after enjoying a hug in any place of the town. Of course, you should go again to San Sebastian to "don´t" see "La Concha" bay from the top of Igeldo or Urgul, inside tha bay in a Kayak or just looking from the railing, remember it is important to have the best company to be always looking her and not "La Concha". Finally you can visit the capital of Basque Country, Vitoria-Gasteiz, and there have a funny day with Celedon and learn very well what it is"Baxu" and "Muxi"

Definitely, I had forgotten what nice could be my country, my neighbors, how special are our beaches in summer too or how funny could be to lose the head like if we were teenagers impregnated in champagne or water; but the most important thing that I had rediscover in this five marvelous days, it has been to look at the eyes, to give and receive a contagious smile or how important could be to get a hug.

Anyway... In easter I was asking me if it could be the start or the finish of something, in June I was fighting against the sun without getting any shadow and now... Now I know there is nobody like you. I want to continue writting more chapters of this story. I will try. I believe in utopias and you are one of them.