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2019/03/03

GHOSTTOWN


"Maybe it was all too much
Too much for a man to take...
...This world has turned to dust
All we've got left is love
Might as well start with us
Singing a new song, something to build on."

2019/01/27

BEHOBIA 2018

Vuelta a la línea de salida como ya manda la tradición de cada otoño, la ilusión que marca gran parte del año llegaba al día D. Venía de la Behobia más larga en el tiempo, aquella en la que llegué a la meta allá por febrero y me encontré con la Behobia más larga en el espacio y definitivamente la más corta en el tiempo. Por fin el record, por fin el sueño más soñado hecho realidad. 

Corrí el primero de los kilómetros en Halden, allá por julio, tranquilo, sin más prisa que adaptar mis piernas a lo que me esperaba, sentir el calor allá en el frío, en aquel lugar que sin tener nada de especial, se ha ganado un hueco en nuestro corazón. Mientras disfrutaba del paisaje, mientras realizaba ejercicios en el bosque, en el jardín de esa casa con manzanos, cerca del menos fiordo de los fiordos, quizá dejaba surgir un nuevo sueño al que quizá algún día agarrarme: Grenserittet.

Quise mantener la marcha, simplemente rodar, y subiendo allá por Dolomitas, no forcé nunca el ritmo. Rodeé las Tres Cimas de Lavaredo, ascendí a lago di Sorapis y también descendí de aquel refugio, sin saber que "ganaría" la Behobia en los descensos. Dos kilómetros más por Eslovenia, subiendo hasta el castillo en su capital y uniendo Portoroz y Piran junto al Adriático.

Parecía suficiente para saber que el cuerpo se sentía bien, que las tiradas daban sus frutos lejos del hogar pero también en él; y es que Arditurri, el bidegorri jamás me ha dado la espalda. 

Kilómetros 6 y 7 en el Mediterráneo. El sexto a tope, como si fuese montado en bici, allá por Ripollet o en Girona por El Carrillet. El séptimo, más tranquilo, sin prisa pero sin pausa. Como nadando en una inesperada playa allá por Gandía. 

Las sensaciones eran geniales, tocaba bajar Gaintxurizketa y ganar ahí sin saberlo más que tiempo, un sueño. Descender como tantas veces lo había hecho de Beraun o de Agustinas este año, en el más utilizado de los circuitos.

Apreté los dientes, forcé un poquito la máquina hasta llegar a casa, recordando lo sentido en Donibane Lohitzune en aquella triatlón en la que volé y volaré, y rememorando aquel calentamiento que de poco parecía servir bajo aquella tromba de agua, la mayor, del verano en Getxo.

"Cuidado" me dije, "recuerda lo ocurrido justo aquí el año pasado". Pero no, esta vez no. Kilómetro 11 de Zubiri a Pamplona, cuesta abajo y muy metido en carrera. Tocaba apretar en el 12 en Capuchinos, como lo hice en Roma, la eterna Roma, con aquellos kilómetros de tanto valor tras horas y horas de viaje, con el frontal aportando luz que resultaría a la postre clave.

Y lejos seguía para llegar cerca subiendo por Jaizkibel, intentando otro record que se atragantó como tal, pero que aportó sin saberlo en el más importante de los records. Como Sorondo en el 16 pasando por Añarbe. Dificultades que poniendo por un momento en riesgo lo que parecía estaba casi hecho, por lo que toco apretar en Miracruz.

Tres kilómetros, solo tres, para la gloria, luchando más que nunca en esos metros, dándolo todo en el descenso que de nuevo volvía a marcar el objetivo. Cerrar los ojos y verme en el barrio, en Orlegimendi, solo, hablando conmigo mismo y encontrado en autocargas, ejercicios específicos y sobre todo, en la constancia, la fuerza para recuperar la senda de la victoria.

Avenida de Navarra, como Arritxulegi, Agina, Bera o Lesaka que también aportaron este año. Y en la Zurriola recuerdos de cada salto en lo que pareció una derrota tras otra en agosto y terminó siendo la más grande de las victorias. Kursaal, puente, María Cristina y al fin el Boulevard. Satisfecho, alegre, contento, orgulloso. Merecido.

...Gaurko errealitateak...

EGIN ZAIDAZU BISITA


"...Together we can live...
...Podemos compartir el dolor por partir...
IRRIA DUGU HERRI
...da la iluzia nu la frică...
...questo é la mia cittá...
...Kaleari kale egin beharrean
egin kaleari auzo..."

2018/11/18

CORSA DEI SANTI


And I arrive again, another sport challenge was one of the reasons to be there but in this case without wheels, just running. 

One of the reasons, yes, but not the only one. Maybe the happinnes was the most important but I want to know the places where some years ago she found the first big step in one of the longest races it may exist, I wanted to feel the sensations multiplied by two. I needed to eat in Da Enzo. Aniway, the bliss could be the way and, in the same time, the finish point in one of most beatiful races I have ever done. 

I started and I finished in the Vatican, I saw the San Angelo´s castle, the Venice square, Santa Maria Maggiore´s church, I rediscover Piazza del Popolo and of course, the big Coliseum where I felt winner again, where I felt the most emotional moment in the fast 47 minutes and 41 seconds. The second most fastest race in my life running in 4:46 the kilometer. 

2018/10/07

DOS PALILLOS

dos palillos restaurante bilaketarekin bat datozen irudiak
Segunda reserva, primera cena. Barra compartida de unos cuantos para ser dos en uno una vez más. Un regalo de cumpleaños retrasado en el tiempo y adelantado en sensaciones, recuerdos y viajes sin salir de una tasca gourmet en el centro de Barna: Asia, jamás estuviste tan cerca para mí, Santiago y su casa Marcelo en la cercanía e interactuación con los artistas de la cocina a tan solo 1000 kms, a tan solo una mirada profunda; 3 de junio un 25 de agosto. 

RISTORANTE AGA

Erlazionatutako irudia
La grandeza de lo pequeño. Atención exquisita a los pies de los Dolomitas. Cercanía y amabilidad. Uno sueña a veces con Hisa Franco, con estirar los kilómetros hasta Modena para ir al best de los 50 best... Y hoy sabemos que haber dormido en San Vito di Cadore y no haber visitado a Alessandra, Oliver y su atentísimo y elegante sumiller, habría sido quizá el mayor de los pecados.
Más que sueño, proyecto flash de ese binomio que unido suma mucho más que dos.

2018/04/08

WIR WÜNSCHEN: UNENDLICHKEIT - Capítulo 5: FUSSEN

No podía ver nada, tenía los ojos tapados y las manos y los pies atados con unas cuerdas que a su vez, parecían estar conectadas entre sí.  Tan solo podía oír las voces de aquellos soldados alemanes y el ruido que desprendía el motor de aquel potente todoterreno. Walter no estaba allí conmigo y di por hecho que a él lo llevaban en el otro carro, el de bandera italiana.

Los soldados no nos trataron mal, ni siquiera al detenernos cuando tuvieron que ejercer cierta fuerza a la escasa resistencia que opusimos para poder dejarnos inmovilizados y sin visión. Desde el principio nos dijeron que seriamos libres si colaborábamos con ellos, pero lo cierto es que yo de camino a donde quiera que fuéramos, me temía una vez más lo peor. 

El coche redujo su velocidad hasta llegar a pararse por completo, sentí por el frío que la ventana se abría permitiéndome escuchar primero una nueva voz externa y después el sonido de unas puertas abriéndose ante nosotros justo antes de que el coche volviera a avanzar unos metros.

-Hemos llegado, quítale la venda de los ojos. Ya puede ver dónde estamos, eso sí, las manos y los pies que sigan atados hasta que pueda realizar la tarea.

Mientras notaba como las manos se acercaban a mi cabeza y comenzaban a aflojar aquella especie de antifaz, tan solo deseaba no encontrarme de nuevo en un campo de concentración. Se me hizo eterno aquel tiempo que estuve dentro del vehículo todo terreno, pero desde luego no había dado tiempo ni mucho menos para retornar a Dachau. 

Cuando al fin mis ojos quedaron al descubierto, miré a través de los cristales y pude ver como Walter se encontraba también allí, descendiendo del otro coche. Una nueva mirada cómplice reconfortó mínimamente mi estado a pesar de la incertidumbre que suponía estar en aquel lugar desconocido.

Nos condujeron a ambos a una sala solitaria y en el trayecto hasta llegar a ella, parecía evidente que no nos encontrábamos en nada parecido a Dachau. Si aquello era una prisión desde luego nada tenía que ver con aquella explanada rectilínea, fría, simétrica y ante todo y sobre todo triste y lúgubre, pues las paredes e incluso los techos estaban revestidos con pinturas extraordinarias, los suelos cubiertos por alfombras con dibujos geométricos perfectamente unidos unos a otros y la luz se imponía ya no solo en los pasillos, sino también en aquella sala en la que nos encontrábamos de momento solos y expectantes.

-Ya te dije que no nos podíamos fiar de ella.- Comenzó diciendo Walter.- Alguien que lleva impreso en el frontal de su coche el logo de las Fuerzas Nacionales Fascistas Italianas no puede ser pájaro de buen agüero. 

- Rasso parecía un hombre de fiar, de total confianza para su primo Borja Mari.- repliqué yo.

- Sí pero no es Rasso quien nos llevo a Reutte, ni quien te convirtió en su marido. Fue ella y recuerda como era saludada al entrar en cada cervecería de München, al doblar cada esquina de la capital Bávara.- Siguió furioso mi siempre negativo amigo.- Como nos desnuden tal y como hacían a todo aquel que entraba en Dachau estamos perdidos.

Tenía razón, los números tatuados que ambos llevábamos en nuestro antebrazo podían delatarnos ante los soldados de las SS. Aquello sería el fin definitivo si es que el hecho de estar allí retenidos ya no lo era. Posiblemente tras el recuento realizado la mañana siguiente a nuestra huida, los nazis abrían colocado infinidad de controles con el único objetivo de encontrarnos, vivos o muertos. Quizá por eso estábamos en aquel momento allí.

Y en cuanto a los comentarios de mi amigo respecto a Karina Ruocco, no podía decir que no tuviera razón. Había sido un tonto dejándome engatusar ciegamente por aquella italiana afín a Mussolini y sus ideas.

La puerta que quedaba justo enfrente de donde nos encontrábamos sentados, se abrió dejando pasar por ella a dos personas uniformadas. Él portaba el símbolo del PNF, ella el de las SS.

-Si colaboran, todo irá bien. Les necesitamos para acelerar un pequeño trabajo nada más.- dijo ella.

- Todo dependerá de lo rápido que lo hagan. Según mis previsiones antes de que anochezca podrán ser libres de nuevo.- Anadió él.- No tenemos duda, tras el control de ayer, de que son afines al Führer, sabemos que colaboraran por tanto ¿verdad?.

- Por supuesto dijo Walter.- yo preferí asentir realizando un gesto con la cabeza. 

- Así me gusta.- prosiguió la mujer.- Su cometido será trasladar material al almacén del edificio. Cuando hayan acabado les trasladaremos a Reutte de nuevo. Eso sí, siempre y cuando cumplan las normas: no podrán salir nunca de la zona de trabajo, está terminantemente prohibido ver más allá del depósito de materiales y la zona de llegada de carruajes. Además realizarán su labor en silencio, no queremos que intercambien una sola palabra con el resto de trabajadores, ni siquiera entre ustedes mientras están trabajando, simplemente colaboren y limítense a escuchar la música y por supuesto a almacenar el material.

-Por último, sepan que han de llevar siempre puestos estos dos elementos –explicó el oficial italiano mientras sacaba de su morral dos sombreros verdes de copa corta y un par de bigotes postizos de tamaño considerable.- Bajo ningún concepto podrán quitárselos, no lo olviden.

Llevábamos dos días con una peluca postiza acompañándonos día y noche, por lo que taparla con aquel sombrero digno del más selecto café de Milano, podría resultar hasta deseable. Lo que no me hacía mucha gracia, era añadirle aquel mostacho anaranjado, grueso y de mal gusto. Conociendo a Walter sabía que a él la idea le gustaba menos aún. 

-Pasen al comedor. Podrán comer y beber todo lo que deseen durante los próximos diez minutos, después comenzaran su tarea hasta que ésta esté finalizada. Pónganse el bigote, el gorro y vengan con nosotros.´

Hicimos lo que nos pedían, nos levantamos y comenzamos a caminar siguiendo los pasos de los  dos fascistas. La sonrisa de Walter cuando cruzamos nuestras miradas, seguida de aquel guiño de ojo, me recordó plenamente al momento en el que acabábamos de ponerlos la peluca frente al Olímpico de Münich. Nos veíamos totalmente ridículos pero mucho mejor que con aquel pseudopijama númerado a rayas que portábamos en Dachau.

Traspasamos un par de pasillos, más decorados si cabe, que los que habíamos pasado antes de entrar a la sala de espera de la acabábamos de salir. Llegamos a un portón de madera tallada enorme tras el que se encontraba un lujoso comedor con dos platos llenos de comida y varias jarras de cerveza.

-Recuerden, ahora ya solo les quedan nueve minutos, así que no pierdan más tiempo.- nos dijo la mujer justo antes de que el oficial añadiese la siguiente frase:

-Cojan energía, la van a necesitar… 

Comimos con ganas, todo lo rápido que pudimos y bebimos cerveza como si no hubiera un mañana. Justo tras uno de esos enormes tragos el oficial se me acercó con una cámara fotográfica enorme mientras reía a carcajada limpia.

-¡Jajajajajaja! Quiero inmortalizar este momento ¡se ve usted espléndido! 

Debí de salir en la foto con cara de extrañeza, no sabía muy bien porque no solo el soldado se reía, el bigotón que estaba a mi derecha, Walter, también se lo debía de estar pasando muy bien.

-Venga una más, eso sí, ahora quítese la espuma del bigote y simplemente beba.- dijo aquel hombre, que parecía ser de lo más alegre y amable que había conocido dentro del entorno fascista.

Lo cierto es que no me hacía mucha ilusión que captara imágenes mías un hombre al que acababa de conocer y cuyas intenciones aún desconocía, pero el hecho de poder seguir bebiendo aquella extraordinaria cerveza que según el grabado de la jarra de porcelana, estaba hecha en honor de Konig Ludwig del que tanto nos había hablado Borja Mari en Dachau, suponía un verdadero placer. 


Transcurrido el tiempo estipulado, pasamos a la sala contigua, el almacén al que antes habían hecho referencia la mujer y el hombre soldados. Una veintena de hombres con sombrero y bigote se encontraban ya trabajando en él, pero lo que más llamaba la atención era la cantidad de oro, piedras preciosas, metales y obras de arte que allí se encontraban. Llegaban hasta allí en carruajes tirados por caballos que los bigotones se encargaban de vaciar para ordenar en aquel depósito. Unas lonas cubrían las ventanas y la entrada siempre que no había un vehículo alguno en ella. El silencio era sepulcral, tan solo lo rompía algún que otro golpe al depositar el material, el relinchar de alg´n caballo al entrar en el  hangar y por supuesto, aquella música clásica que como me temía, hizo soltar con disimulo alguna lágrima a Walter. En Dachau ocurría lo mismo. 


Trabajamos durante horas, siempre vigilados por soldados alemanes, en silencio, con esfuerzo y orden. Al principio la llegada de carruajes era constante, pero poco a poco ésta fue decreciendo para desaparecer por completo. Cada vez quedaban menos joyas y artículos de lujo por almacenar ¿Sería verdad que tras acabar aquella labor seríamos libres de nuevo?


Estaba a punto de acabar. Creo que aquella lámpara bañada en oro y con detalles de marfil incrustados en ella, podría ser mi última carga. La dejé en uno de los pocos huecos que quedaban, justo al lado de una pequeña puerta situada en una de las esquinas del almacén. Parecía entreabierta y no pude reprimir mirar por aquella rendija para ver que había más allá. La sorpresa no pude ser mayor. Los dos oficiales que nos habían expuesto la labor a realizar, se encontraban desnudos y mostrándose algo más que cariño el uno a la otro, y aunque parezca mentira, pues tan solo en sueños creía recordar lo que era el sexo, no fue eso lo que más me llamo la atención. Allí, al otro lado de la ventana, podía verse el castillo, una obra perfecta, magistral. Era sin duda el castillo de Neuschwainstein, del que también Wittelsbach nos había hablado.


Walter me cogió del brazo y tiró de él sacándome de aquella habitación, pero ya era tarde. La pareja me había visto y el vigilante soldado, situado detrás justo de mi amigo, ya me apuntaba con su pistola.





2018/04/06

WIR WÜNSCHEN: UNENDLICHKEIT - Capítulo 3: ZURÜCK ZUM HORROR

Temprano partimos sin saber a dónde. Karina Ruocco conducía una vez más aquel moderno y potente coche. Tuvimos que pasar dos puntos de control y en ambos los soldados se cuadraron nada más ver a la Señorita Ruocco y aquel distintivo en el frontal del parabrisas. 

Rasso se había despedido de nosotros tras almorzar deseándonos no la mejor de las suertes, sino la mejor de las justicias.

- En cuanto todo esto acabe, espero volver a verles por aquí y ojalá sea acompañados de mi primo y su familia.

-Dios quiera que así sea, Don Rasso.- Respondió Walter mientras le ofrecía su mano a modo de saludo.

- Gracias por todo de corazón amigo. Ha sido un honor. Resulta esperanzador ver que aún queda gente como usted, como toda su familia. Danke schon .- Me despedí yo. 

- Cuide de ellos, Karina. Nos vemos a su regreso. Auf wiedersehen

A lo que la bella muchacha respondió afirmativamente con un gesto, sin mediar palabra. Cogió las llaves del carro, un par de fotos que nos habían realizado a Walter y a mí el día anterior y una cesta llena de comida.

Una vez habíamos dejado la urbe atrás, comenzó a extenderse ante nosotros una gran llanura, tan solo rota por alguna que otra pequeña colina redondeada y coloreada por la gran cantidad de trigo que terminaba por abastecer a las abadías y fábricas cerveceras que rodeaban la ciudad. En una de ellas paramos tras haber recorrido unos 30 kilómetros dirección norte, justo al lado de un pueblo que según ponía en los carteles se llamaba Freising.

- No os mováis del coche.-Comentó Karina- no tardaré más de diez minutos.

- ¿No podemos acompañarla? puede que la echemos de menos si tarda más de lo esperado.- comenté yo en tono jocoso esperando una respuesta cómplice en la misma línea por parte de ella que jamás llegó.

- Ñaaa... es una posibilidad, pero va a ser que no. Mientras tanto pueden disfrutar del olor que desprende el primer mosto de la birra.

Despareció por la entrada más cercana a una chimenea alta de ladrillo naranja, mientras Walter me explicaba que nos encontrábamos en la que posiblemente era la cervecería más antigua del mundo. Una auténtica universidad de la cerveza, Weihenstephan

- Es guapa ¿eh? le dije a mi amigo.

- Sí lo que tú quieras, Vasco, pero yo aún no me fío de ella. -me dijo Walter- No sé de qué lado está. recuerda que ayer saludaba a todos esos criminales en las cervecerías, es conocida por todos en München y ni siquiera le paran en los controles.

Walter tenía razón en aquello que expresaba. Siempre tan negativo, sí, pero no nos quedaba otra opción, confiar en ella o... confiar en ella. Si la libertad verdaderamente no era un objetivo sino el camino, ésta tenía el nombre de Karina impreso en su ser. 

En menos tiempo del esperado, la Señorita Ruocco volvió al coche arrancó a la vez que nos lanzaba sin mirarnos siquiera, una tarjeta a cada uno. Ambas tenían las fotos que el día anterior nos realizaron en casa de Rasso.

- Bien Walter, como ve usted mantiene su nombre y apellido -dijó Karina mientras arrancaba el coche y ponía rumbo a quién sabe dónde-, incluso su lugar de nacimiento, Bayreuth. Don Alberto estaba convencido de que esta es la mejor opción para mantener su vida a salvo. Y usted... 

- ¡Epaaa! -interrumpí a la bella conductora-  ¿y este nombre? ¿alguien quiere declararse en este coche sin saber muy bien cómo y no somos ni Walter ni yo? 

- Pues como no sea el gato que llevo en el maletero por si reventamos una rueda no sé yo quién puede ser- lanzó con ironía la joven mirándome de reojo-. Dejesé de tonterías y escuche.

- Tutéenos- le reproché.

- Usted. como ve, será de Licusati a partir de ahora, provincia de Salerno.

- Sí eso veo, italiano, pero ¿y el nombre?- cuestioné con interés y una sonrisa un tanto socarrona.

- Su acento latino suponemos que podrá pasar desapercibido para los alemanes, no creemos que diferencien la entonación italiana de la española.

- Vasca- Soltó con una sonrisa Walter recordando las bromas que realizábamos junto a Alberto en el campo.

- Ya y el nom...

- Sí, ok. -interrumpió ella- usted será mi marido a ojos de los alemanes.

- Antonio Ruocco... ¿de verdad que no siente aunque sea un ligero sentimiento de cariño hacía mí? no sé ¿quizá algo así como lo que siente un perrillo hacía su amo?

- Más bien algo así como lo que siente un amo hacía su perrillo, sí... recuerde, usted es mi marido tan solo a los ojos de ellos, pero yo no soy su mujer.- expresó cortante una vez más.

- Está bien, está bien -me resigné-. por algo se empieza...

Tan solo entonces creí intuir el disimulo de una una pequeña sonrisa en el diminuto vibrar lateral de sus labios. 

Fue entonces cuando Walter provocó un retorno ipso facto a la más cruda realidad al leer en voz alta uno de los carteles que marcaban la salida de aquella vía rápida: 

- Dachau. 
El silencio se apoderó del momento a la vez que las imágenes comenzaron a pasar una tras otra en nuestra mente. Las torturas, los recuentos de nuevo, aquel olor terriblemente penetrante que partía de aquella chimenea al otro lado de la valla, de la enorme puerta que cada día más gente llegaba a traspasar en un una sola dirección sin vuelta atrás, sin retorno, el apilamiento en las literas, los gritos que llegaban desde la supuesta enfermería allá junto a las celdas para unos cuantos "elegidos". Y Borja Mari. Imaginarlo allí, abrazando a sus hijos como tan solo ocurría una vez al mes, era la peor y a la vez la mejor de las imágenes. Su único deseo mientras eramos compañeros de campo de concentración, su única ilusión era que llegará ese momento. Ojalá en ese mismo instante, allá adentro, se encontraran todo rodeados por los brazos del gran Wittelsbasch, aunque seguramente no. Él seguía adentro y si no llega a ser por Borja Mari, nosotros, Walter y yo, aún estaríamos presos en aquel infierno nazi. 

WIR WÜNSCHEN: UNENDLICHKEIT - Capítulo 2: MÜNCHEN

No había tiempo que perder. Ella nos estaba esperando ya en la cima de la colina, apoyada sobre la barra de protección desde la que poder ver la grandeza del olímpico Bávaro. Parecía tranquila, muy tranquila a pesar de estar jugándose su vida por nosotros. En seguida nos prestó ropa nueva para pasar desapercibidos, se presentó y nos guió hasta el vehículo que nos llevaría posiblemente al centro de Münich.

- Ich bin Karina Ruocco. Pónganse esta ropa sin llamar la atención y síganme. - Dijo con cierto acento italiano. 

Walter y yo asentimos. Nos vestimos rápido, un tanto avergonzados, eso sí, por la presencia de la Señorita Ruocco. Era bella, con una sonrisa cautivadora e infinitamente segura de sí misma. Prácticamente no hablaba pero daba la impresión de que su sola mirada decía tanto como pudiera ella expresar. Mientras descendíamos de la colina siguiendo sus pasos yo no podía dejar de mirarla. 

- Iremos en coche a Marienplatz hasta la residencia de Rasso, el primo de Alberto.

Que raro se me hacía escuchar ese nombre, Alberto, en el campamento nadie le llamaba así. Para la mayoría era Wittelsbach y para mí, que no sabía pronunciar aquel apellido alemán, ni me podía acordar de las cuatro palabras que componían su nombre compuesto, él era cariñosamente Borja Mari, el consentido del campo.

- ¿Marienplatz? eso está en el mismo centro de la ciudad ¿no será peligroso? nos pueden reconocer. -Expuso Walter un tanto preocupado.
- Sí, lo es. Así que no preguntes tanto y poneos las dos pelucas que tenéis en el maletero. 

Definitivamente ella no mostraba la más mínima preocupación. Una de dos, o le importábamos más bien poco o tenía todo tremendamente calculado y bajo control. Walter y yo nos pusimos aquellos pelos postizos y nos lanzamos una mirada cómplice que venía a significar algo así como: "dejémonos llevar, no tenemos otra alternativa. Cualquier cosa será mejor que retornar allí", para que finalmente Walter soltase lo que supongo que era una broma para quitar tensión al momento:

- Por cierto vasco despeinado, estás muy guapo -guiñándome un ojo. 
- ¡Tú tampoco estás nada mal, locaza! - le respondí siguiéndole el juego, a la vez que los dos entrabamos en la parte trasera del coche.
- No. Uno de vosotros ha de ponerse delante. No soy una taxista y haced el favor de peinaos con raya al costado, como mandan los canones, no quiero levantar sospechas.


Tenía lógica lo que Karina decía, así que en seguida me decidí a ser yo quien la acompañara

en la parte delantera del vehículo. Me limité a dejarme llevar, a disfrutar de todo aquello que podía ver a medida que nos adentrábamos en la ciudad. De un coliseo a otro. Las luces del Allianz Arena estaban apagadas ya cuando pasamos junto a él. Más adelante me sorprendió ver una edificación que parecía traída directamente de oriente. Como tantas otras veces, debí de ser bastante expresivo porque en seguida Walter me explicó que aquello se llamaba Chinesischer Turm y que estábamos en los llamados jardines ingleses.

- Es uno de los parques de ciudad más grandes del planeta. El pulmón verde de München. -Añadió Karina mostrando conocimientos y tranquilidad a la vez.

En seguida nos encontramos en el corazón de la capital Bavara. Increíble pero cierto, hacía tan solo unas horas, aquellos mismos militares para los que tan solo eramos un indeseado número, ahora nos saludaban al pasar junto a ellos en aquel carro conducido por aquella preciosa y aparentemente importante y poderosa mujer.

Paramos ante un edificio imponente, uno de los más elegantes en un entorno ya de por sí cuidado y majestuoso. No pasaron cinco segundos y un hombre, aparentemente el mayordomo del lugar, nos abrió el portón para que el coche pudiera traspasar la entrada y quedar aparcado en el precioso patio interior de aquella casa.

- Seguidme -dijo Karina-, Rasso nos estará esperando en su despacho.

Entramos en la vivienda y ascendimos dos de los tres pisos que completaban la misma. Walter miraba a izquierda y derecha, arriba y abajo, cada detalle, cada decorado del lugar, cada cual más exquisito y recargado que el anterior. Cuadros realistas, paredes pintadas con representaciones de estilo romántico, lámparas enormes bañadas en oro y muebles de madera tallada inundaban cada espacio de aquel lugar sin dar una sola opción al blanco y al negro, todo era color, lujo en aquel lugar. Mi amigo, boquiabierto y cuasicegado por lo que veía a su al rededor, tropezó con uno de los escalones denotando su sorpresa ante tanta opulencia; yo, la verdad, podría haber hecho lo mismo, pero no por el lugar y su decorado, sino por aquella mujer y sus curvas de las que no podía despegar mi mirada. 

- Guten morgen. Rasso, soy Rasso, primo de Don Alberto, aunque eso tan solo lo sabemos nosotros es mejor que sea un secreto, no creo que a muchos de los que custodian este edificio les haría gracia saberlo. 

Respondimos con respeto al saludo de aquel hombre elegante y espigado, que se encontraba en una sala de trabajo tan elegante o más que el resto del edificio. 

- La Señorita Ruocco les guiará hasta que puedan estar a salvo definitivamente. Hoy pasarán el día en la ciudad y dormirán en mi casa, mañana ya partirán lejos de aquí tal y como Don Alberto me indicó que deben hacer, mientras tanto compórtense con total naturalidad, tomen una ducha, límpiense, aféitense, no olviden llevar siempre tapado sus antebrazos y aparenten ser uno más. Willkommen.

Una ducha caliente, música para mis oídos. Con dificultad recordaba la última vez que me duche, como para recordar la última vez que lo hice con agua templada. Habíamos pasado de ser casi uno menos, a tener que aparentar ser uno más. 

- Les espero en la entrada del edificio. En cuanto acaben debemos salir a alternar en las distintas cervecerías de la ciudad. Hoy es festivo, día grande en la ciudad. -Comentó la Señorita.
- No nos trate de usted, Doña Karina. -Contesté intentando ser más cercano. -Y mil gracias por la ayuda y por poner en peligro su integridad por dos don nadies como nosotros.
- Acicálense, les espero abajo, no tenemos tiempo que perder. -fue su respuesta.

Desde luego aparentaba ser tan bella como cortante y dura ¿sería su propia forma de ser o una fachada expuesta por las circunstancias, por el momento que le había tocado vivir en medio de aquel infierno en el que ella parecía ser el único ángel? Daba igual, poco importaba. Lo cierto es que ese carácter la hacía más atractiva aún.
Llegada la noche, pasado un día entero lejos de aquel calvario, aún bajo la influencia de las cinco cervezas, la tripa llena y el cansancio acumulado creo que ni Walter ni yo sabíamos muy bien si lo vivido a lo largo de esas últimas horas, era un sueño o realidad. 

Atrás quedaban la Urböck en Hofbrauhaus¨, las Weissbier en Der Pschorr y Augustiner Keller, incluso aquella insulsa helle en Paulaner o la dunkel en Scheneider Weisses Brauhaus; los brezel con y sin queso, el schnitzel y sobre todo un plan trazado, al menos aparentemente a la perfección, por nuestro gran amigo Borja Mari Wittelsbach y genialmente ejecutado por algún sobornado soldado y aquella preciosa Karina Ruocco.

2018/04/05

WIR WÜNSCHEN: UNENDLICHKEIT - Capítulo 1: RIGA

Al fin escapábamos. De una vez por todas traspasábamos las redes de aquellas vallas que nos tenían presos durante largos, fríos y desapacibles meses. Dejábamos atrás la rutina de días fríos y duros y entre otros, también a nuestro amigo Wittelsbach. Él había preferido seguir unido a su familia, comprensible, a pesar de ser el que seguramente físicamente mejor se encontraba de todos, gracias a ciertas concesiones, que no privilegios, recibidos en el campo por ser tan solo en origen, "uno de los suyos".

Walter era quien marcaba el camino, pues a pesar del tiempo transcurrido y la oscuridad, que ejercía a la vez de dificultad y aliada, sabía cual era la dirección a seguir, yo tan solo le seguía y giraba de vez en cuando la cabeza hacia atrás para ver si alguien se había percatado de nuestra huida y al mismo tiempo así, veía empequeñecer en la distancia las luces que partían de las torres de vigilancia de aquel presidio y pseudocementerio. Miradas, gestos provocados por una especie de síndrome de Estocolmo.

Teníamos ante nosotros unas tres horas antes de que amaneciera para llegar a la ciudad, para realizar unos 14 kilómetros y encontrarnos con la salvación en lo alto del olímpico de Münich. Tiempo más que suficiente para sentir de nuevo la alegría, el bienestar, de sentirnos libres de una vez por todas. 

En el trayecto, miles de imágenes venían a mi cabeza de lo vivido allí dentro. Seguía andando, sin reparar en nada, tan solo seguir los pasos que mi amigo Walter dictaba mientras veía ante mí las filas perfectas de cada mañana al realizar el recuento, los cientos de cabezas rapadas que a pesar de los pesares tan solo ciertos días perdían la sonrisa para animar y saludar a compañeros que sabían se necesitaban unos a otros o simplemente mi sueño de la noche anterior en el que paseaba junto a la libertad por Riga, en aquel tunelcito esta vez sin música pero más solitario y a la vez más acompañado que unos meses atrás, con esa bici apoyada en la pared que parecía hacernos querer recordar lo vintage, lo único de esa urbe del Báltico. Adoquín tras adoquín, recorriamos la ciudad agarrados de la mano transmitiendo calor mutuo ayudándonos a esquivar el frío que emanaban las aguas del río Dviná y admirando por primera vez gracias a ella un puente de colores en medio de la oscuridad. 

- ¡Eh! ¡Ya estamos Vasco! ¡espabila mein Freund que lo tenemos en nuestras manos, ante nuestros ojos! ¿lo ves? - me dijo Walter señalándome con la mano una pequeña colina que se alzaba frente a nosotros.
Miré hacia el frente, dejé a un lado mis sueños letones y le dije, la verdad:
- Solo veo un montículo, nada más...
- Eso es amigo, tras esa montaña se encuentra el estadio, nuestro punto de encuentro.

A pesar del cansancio, del hambre y de la fragilidad que presidían nuestro propio ser, corrimos. El verde se dejaba ya ver con los primeros rayos de sol. Una grama perfecta tan solo entrecortada por pequeños caminos que se abrían paso entre los montones de hierva curvilíneos. Era el último muro a superar. Tras esa montaña se encontraba ella definitivamente, la libertad, escondida junto a aquel coliseo camuflado entre la nada, entre el todo.

2018/02/25

CASA MARCELO


Unión del manjar y el sentimiento, de la mirada y el cosquilleo, del paladar y el corazón, del sabor y el amor, del hacer de tripas corazón metafórico y el literal.
Cocina fusión elevada a la enésima potencia.

2017/08/10

WELCOME HOME PROJECT

Ya he soñado, ya he proyectado, ya he pasado horas y horas en la sala de espera de la felicidad y ya tengo de donde a donde rodar este verano: Burgos-Oiartzun será el trayecto. El más corto de los viajes de Orbi, el más cercano de los caminos realizados, el valor de las pequeñas grandes cosas.

Obviamente pretende ser un viaje en el espacio, pero por primera vez también un viaje en el tiempo. Quiere ser, como siempre, una excursión al interior de uno mismo, y a su vez como novedad, un llegar a aquellos que quiero y me quieren

Espacio por la distancia, por el reto de superar una vez más la barrera de los 100kms en una etapa, por seguir la cola de esas flechas amarillas que este verano de nuevo me encontraron y atrayeron.

Viajar en el tiempo también, sí, porque empezar en Burgos no es casualidad. Me ha resultado fácil imaginar viajes pasados que generan el hoy, una línea con inicio en Medina de Rioseco y final en Oitz y viceversa, otra que nació en Jerez de la Frontera y llegó hasta Irun y al revés. Ambas se cruzarían en Burgos y es por eso que el sueño partirá esta vez desde allí.

El viaje a uno mismo no necesita de mucha explicación. horas y horas conmigo mismo, trascendiendo, sintiendo, superando retos, escogiendo ese placentero sufrimiento opcional.

Y sobre todo, llegar a ellos, a vosotros, a los que fueron, son y serán, por los que soy. He llegado a catedrales, grandes capitales, ríos, mares, faros, grandes monumentos y hasta a otros continentes. Pero esta vez no, esta vez quiero llegar a los que quiero, pues no creo que haya nadie mejor en quien creer, ni mayor capital que poseer, ni más grande sensación de eternidad de la que disfrutar, ni más agradable luz por la que dejarse guiar, ni mayor monumento que admirar. Sois mi único continente.

A los que queráis y podáis estar en algún kilómetro, os espero en la Catedral, en Cova, como no, en un lugar donde comprar muebles y zapatos baratos, junto a viñas y a Frank Gerhy, en la Navarra profunda de nuestros antepasados, descendiendo Leitzaran, en la Concha y sobre todo, disfrutando de un baño en la piscina de toda la vida antes de una Barbacoa en compañía de los mejores. Y a los que no podáis y queráis se os echará mucho, mucho, mucho de menos, que es más.


EMAIOK AZKARREGI!!!


GALICIA

Praia das Catedrais, Torre de Hércules, Costa da Morte, Eterna Santiago, Rías Baixas, Islas Cíes... podría acabar aquí mi entrada. Todo dicho. Pero sigo: Pulpo a feira, pimientos de Padrón, empanadas varias, raxo, tarta de Santiago, buen pan, chorizo con un toque picante en una playa frente al Atlántico, queso de tetilla, Albariño, Ribeiro, filloas, zamburiñas, navajas, flan de queso, carne de Betanzos y hasta tortilla de patata y chistorra. Más que todo dicho... menú completo y nunca mejor dicho.

Pero hubo todo esto, sí, y más, mucho más. He aquí la esencia de dicho viaje: poder mirar al cielo, hacerlo y ver estrellas, dejar de hacerlo y seguir viéndolas en platos, copas y hasta en sonrisas y miradas de complicidad máxima.

Y es que tras grandes viajes, Galicia podía quedar un poco pequeña, tan cercana y hasta creía que conocida. Nada más lejos de la realidad. Los lugares conocidos volvieron a impresionar más si cabe y los desconocidos enamoraron, la comida típica tradicional tan buena o mejor que siempre. Hasta aquí todo según lo previsto, pero es entonces cuando aparece Marcelo y hace su casa nuestra, ayudado por Martín, por Javier, cocinando como siempre, con cuchara de palo, cocinando como nunca: Bonito de Burela, encurtidos y vinagreta de tomate seco, Huevo, queso San Simón y migas de pan, Frambuesas de nuestro huerto, kéfir y menta, Dim-sum de orella y gambas, patata puerro, yema de huevo casero y tocino ibérico, Ensalada de tomates bombón con ajoblanco y sorbete de rocoto o Steak tartar de solomillo del país... metáfora gastronómica hecha viaje, sentimiento, simbiosis en estado puro jamás antes sentida.

Va a ser que esto también es GALICIA y no lo sabía... va a ser que esto es la VIDA y no lo sabía.


2017/05/14

VANESSA CARRASCO

«Mi cuerpo empezó a quemarse por dentro y por fuera, me moría y nadie sabía qué me pasaba»

Vanesa reconoce que para superar el calvario que vivió hace falta «una fuerza que ni yo pensaba que tenía». 
Esta joven de Errenteria se lo jugó todo a un fármaco sin garantías para sobrevivir a una enfermedad rara.
Vanesa Carrasco sufrió un brote que le llevó a permanecer ingresada 49 días. Aún hoy sigue luchando contra las secuelas.

Vía diariovasco.com - noticia aquí

«De pronto me quedé ciega. No podía hablar y me costaba mucho respirar. Me estaba quemando por dentro y por fuera». La historia de Vanesa Carrasco es de esas que superan ampliamente la ficción. No solo por la concatenación de desgracias, sino sobre todo por la entereza y la fuerza con la que ha sido y sigue siendo capaz de superar cada una de ellas.

Esta joven de Errenteria nació con espina bífida meningocele. Esto le provoca problemas de riñones y va perdiendo sensibilidad en las extremidades inferiores. Aunque puede ponerse de pie, cada vez le resulta más complicado. La suya es la versión grave de una enfermedad degenerativa que le hizo a los once años empezar a utilizar muletas. Un año después, una operación que no obtuvo buenos resultados le dejó en silla de ruedas, un estado al que iba a llegar de todas formas, pero no tan temprano.

Vanesa se volcó en el deporte adaptado, concretamente en la natación, y cursó trabajo social. Pero en 2012 le diagnosticaron lupus eritematoso sistémico, una enfermedad que hace que el sistema inmunitario ataque a las células y tejidos sanos, lo que unido a las dolencias propias de la espina bífida, su afección a los órganos se agravaba. «Esto me hace estar cansada, tener fatiga, tener fiebre muchos días, artritis, que se me caiga el pelo, ser fotosensible...». Esta enfermedad crónica le obligó a estar durante 2012 y 2013 en una «montaña rusa» de ingresos y recuperaciones con una media de cinco visitas a Urgencias por año. Una vez equilibrada, con la correspondiente medicación, consiguió mantener cierta calidad de vida, «aunque siempre con mucha precaución, porque nunca sabes cuándo te puede llegar un nuevo brote», expone.

Brote sin diagnóstico

Sin embargo, si algo ha aprendido esta joven de 28 años es a leer las advertencias de su propio cuerpo. Era julio de 2015 y Errenteria estaba inmersa en la celebración de las Magdalenas. Días de mucho calor, de dormir menos de lo habitual y comer de forma desordenada. A priori nada del otro mundo durante las fiestas. Pero una noche, Vanesa empezó a encontrarse mal. Le subió la fiebre, un plomizo cansancio se apoderó de ella y se le quitaron las ganas de comer. «Mi cuerpo me estaba advirtiendo de que venía otro brote», relata. Pero dos días seguidos con una fiebre superior a los 40 grados y una dificultad al respirar poco habitual le hicieron dudar de que fuera lupus.

Esa misma noche empezó el calvario. Dormía junto a su madre «porque me encontraba muy mal» y a las cinco de la mañana «empecé a notar un ardor tremendo en los ojos. Le dije a mi madre que encendiera la luz y de repente lo veía todo blanco. Esa sensación no la había tenido nunca y estaba segura de que no era lupus. Fue un momento horrible que no se me olvidará en la vida», asevera con la misma seguridad con la que lo pensó dos años atrás.

Una ambulancia le trasladó rápidamente a Urgencias del Hospital Donostia y en menos de una hora estaba ingresada en la UCI. No sabían qué le estaba ocurriendo, pero era incapaz de ver, de hablar, de respirar y su piel y tejido interior era víctima de una reacción similar a una quemadura. Primero fue poniéndose de un color oscuro, pasó a ennegrecerse, después salieron las ampollas y por último, el 90% del interior y exterior de su cuerpo se quedó en carne viva. «Me vendaron de arriba a abajo. Solo tenía los ojos y parte de la boca destapados. Me iba. Y no sabían qué medicamento proporcionarme para frenarlo». Recuerda que un día le entró un momento de histeria, de pánico, en el que intentó arrancarse la vía y marcharse de allí. Pero no pudo.

Al cabo de una semana, los médicos decidieron trasladarle a la Unidad de Quemados del Hospital de Cruces en Bilbao. Salió en helicóptero desde el parque de Bomberos de San Sebastián. «No podía ver ni hablar y a duras penas respirar. Estaba vendada entera y solo oía el ruido del helicóptero que era todavía más intenso al no poder ponerme los cascos por tener las orejas en carne viva. Durante el trayecto solo pensaba 'aguanta que es media hora'».

En Cruces permaneció quince días ingresada en la UCI. No tuvo los momentos de pavor de los días previos, «pero lloraba a diario» y fue uno de los momentos más duros. «Estaba sola 23 horas al día, sin ver ni hablar. Coger aire dolía. No sabía qué día ni qué hora era; estaba alejada de los míos; vendada de pies a cabeza; se me había caído el pelo y las uñas, y lo peor de todo, no sabía por qué estaba ahí, qué me ocurría, si saldría de allí y en caso de salir, cómo terminaría todo aquello. Fue horrible».

Las únicas partes de su cuerpo que no llegaron a 'quemarse' fueron el cerebro y el corazón. Cada 48 horas le advertían de que su vida corría peligró y que dada la gravedad de las heridas difícilmente superaría las próximas 48. Pero, frente a todo pronóstico, Vanesa conseguía superar cada barrera. «Todas las mañanas me repetía: Un día nuevo para luchar. Y por la noche: Venga, un día menos».

A las 8 de la mañana, un fisioterapeuta le obligaba a hacer ejercicios para aprender de nuevo a mover los brazos, piernas y a respirar porque solo el hecho de coger aire era como si le arañaran las vías aéreas. «A diario me tenían que cambiar el vendaje y limpiar las heridas. En teoría no podían tocarme, cualquier roce era un dolor horrible y me ponía a chillar, pero era la única manera de hacerme las curas», recuerda.

La joven errenteriarra insiste en que solo pensaba en que «tenía que salir de allí», pero reconoce que para superar el total de 23 ingresada en la UCI -entre su estancia en Donostia y Bilbao- «necesitas tener una fuerza que siendo sincera ni yo sabía que tenía».

Para sobrellevar los días pedía que le encendieran la tele, aunque al mismo tiempo le enfurecía porque le recordaba su ceguera. Las horas pasaban lentas y los días se hacían eternos. Se entretenía memorizando los botones del mando a distancia y cuando éste se le perdía, se arrancaba los electrodos para que le hicieran caso. «Aquello empezaba a sonar que parecía que me estaba muriendo y aparecía en la habitación medio hospital. Ahora lo recuerdo como una anécdota graciosa pero, en esos momentos, que me localizaran un mando a distancia me daba la vida», apunta al tiempo que confiesa que le entristecía pensar si su vida iba a pasar a convertirse en una dependencia absoluta de terceras personas.

La decisión más difícil

La «barra libre de morfina» en el hospital de Cruces le fue de gran ayuda para aguantar el dolor que tenía por todo el cuerpo y asegura que no le resultó complicado desprenderse de ella, aunque recuerda una notable diferencia entre el tipo de sustancia administrada en Bilbao y en Donostia, «donde me provocaba una sensación horrorosa».

Este analgésico ayudaba, pero su estado empeoraba, no iba a poder aguantar más y había que tomar una decisión. «Un día apareció mi madre llorando en la habitación con tres batas blancas, como digo yo, que eran el jefe, el jefazo y el súper jefazo». Le indicaron que había un antídoto que desconocían la reacción que podría causar en ella, pero que creían que podría revertir la situación. Eso sí, bajo su responsabilidad. «Si seguía tal cual, ya sabía lo que me deparaba y esa era la única posibilidad que tenía de salir. Recuerdo que mi madre me dijo llorando que hiciera lo que creyera oportuno», apunta.

Vanesa firmó el papel y se enfrentó a lo que considera uno de los momentos más duros de su vida. «Al fin y al cabo, mi gente ya se estaba mentalizando de lo que me podía pasar y este era el único 1% de posibilidad que tenía de vivir».

En la misma postura que las últimas semanas y con las vendas colocadas, le inyectaron la medicación. Se quedó inmóvil a la espera de que algo le sucediera, sin saber exactamente qué. Solo esperaba a que ese antídoto hiciera algún efecto sobre ella, con el temor de que la dirección fuera la incorrecta. «¿Funcionará? ¿Me dolerá? ¿Si me pica es bueno?», se preguntaba para sí misma con congoja. Como por arte de magia, su piel empezó a regenerarse al cabo de los días. «Solo espero que pueda servir a otras personas y no tengan que pasar por lo que yo pasé», confía.

A finales de agosto, le trasladaron de nuevo al Hospital Donostia donde permaneció 26 días en planta en la Unidad de Infecciosos. Ahí veía su vida a salvo pero se enfrentaba a otro muro. «¿Voy a vivir en silla de ruedas y ahora además ciega?». Al cabo de los días empezó a recuperar parcialmente la visión «y lo primero que hice fue pesarme y mirarme al espejo, lo que también fue duro porque no me reconocía y me impresionó mucho verme así», dice señalando que en la Unidad de Quemados de Cruces no hay espejos y que incluso prohíben a las visitas entrar con móviles.

Después de infinidad de pruebas y 35 días desde que acudiera a Urgencias por primera vez consiguieron dar con un diagnóstico: el síndrome de Lyell, una enfermedad rara que suele afectar al 30% del cuerpo, pero que en su caso las quemaduras del tejido interno y de la piel se extendieron hasta el 90%.

Vuelta a casa

Al cabo de 49 días le dieron el alta, con la incertidumbre de qué le provocó la enfermedad y cómo prevenirlo, por lo que no descartan que le pueda volver a suceder. Le advirtieron de que el proceso de recuperación sería duro y dos años después sigue comprobándolo.

La piel se le ha regenerado pero le han quedado secuelas. «No puedo comer ciertos alimentos porque me duele. Mis órganos y el tejido del interior están llenos de cicatrices y eso hace, por ejemplo, que no pueda comer alimentos como galletas, carnes rebozadas o picante porque me suelen salir llagas en la lengua, que también se quedó en carne viva. Hay días que el agua me quema. Me he quedado ciega completamente del ojo izquierdo y tengo que estar pendiente de que no le ocurra lo mismo al derecho», enumera.

Cuando regresó a casa del hospital «se me vino todo encima». Tuvo que memorizar su ropa del armario y enfrentarse a que el simple hecho de poner un café podía terminar con la taza en el suelo. «Estoy en un aprendizaje continuo». Y no solo ella, también la gente que le rodea. «Intentan ayudarme pero sé que es difícil porque no es una situación sencilla de entender», confiesa.

En breve encarará una nueva etapa en su vida. Acudirá a la ONCE para recibir asesoramiento «y a tirar para adelante». «Venga lo que venga estoy segura de que no será peor de lo que ya he pasado», concluye con optimismo.

2017/05/08

ARGENTINA

"VidaYa". Pocas pseudopalabras podrán definir tan bien un viaje a Argentina. El viaje a Argentina. Este viaje a Argentina. Paraiso natural. Gente muy educada y agradable. Palabra. Carne...

Pretendía ser una sorpresa y no por esperada dejó de serlo. Expectativas ya altas que se vieron superadas principalmente por el sentimiento, por las vivencias, también por su gente y sin duda por su naturaleza. 

Venir de estar más al norte que nunca allá por navidad, y en semana santa abrir el enorme regalo más al sur que siempre. Metáfora de mi nuevo mundo tan pequeño y tan grande a la vez, desde que aquella canción de Vetusta Morla con nombre de ciudad nórdica, me condujo a mí mismo y más allá.

Iguazú y su sonido. Verde y agua. Majestuoso, sublime, superior... pero es que estos adjetivos y más, los podría repetir casi a cada paso por la Patagonia o por los Andes. Hasta ese momento no había visto tanto poder natural en directo en la vida. La garganta del diablo resultó ser uno de esos aprendizajes que rompe esquemas, que necesita de asimilar, de vivir el momento de acomodar ideas y aprender lo pequeñito que uno resulta ser ante la inmensidad. Y pensar que tan solo una semana después volvió a ocurrir lo mismo en El Parque de los Glaciares... 

Buenos Aires y su tango admirado y no bailado, La Boca El Caminito y sus colores. No me cautivó la capital y aún así resultó ser tan necesaria, tan esencia de lugar... Suciedad y desorden, siglos de historia en un intento de renovación en proceso, barrios muy marcados por su peso, por sus pesos, gente, mucha gente, y sobre todo tráfico, mucho tráfico. Lugar ideal para sentir de nuevo, lo básico que uno resulta ser ante la novedad al vivir lo nunca vivido. "VidaYa".

Sensaciones y silencio en El Hornacal, Sí. Interesante el cerro de los 7 colores, Andina Purmamarca, única Humahuaca, prescindible Salta y todo lo que podamos decir del resto de lugares próximos a Bolivia se quedan en nada con lo sentido en el mirador del Hornocal. Rompiendo fronteras de nuevo, 4.350 mts. quizá no llegue jamás tan alto, pero es que a lo que seguramente me cueste llegar también, es a poder escuchar de ese modo el silencio, a poder disfrutar de un cuadro perfecto de 14 colores y muchos más ante mis ojos, con la temperatura inmejorable, un cielo perfecto y una compañía ideal. Estoy seguro de que volvería una y mil veces allí y ninguna volvería a ser igual. Maravilloso, viaje más allá del lugar a un mundo de sensaciones. 

Tierra del fuego, La Laguna Esmeralda, Redescubrir el poder de un faro, lugar donde encender las luces, donde terminar… o empezar. Donde comer una parrilla, empanadas, alfajores y sobre todo ese cordero no sé si fueguino o patagónico, pero ese.

La base de El Chaltén sin su Fitz Roy con la Laguna Torre gelida, El Calafate, y en especial el summum final de poder VIVIR más incluso que ver el Perito Moreno. Sin palabras. Todo lo que pueda decir es poco. Quizá debiera ser argentino para tener la facilidad de palabra necesaria y poder describirlo como merece.

Y aún así…  aún así, me quedo con la sorpresa que sin serlo, lo fue, con el cariño, detalle e ilusión con el que se proyectó, se soñó, este viaje y finalmente se VIVIÓ. 

¡Quéh bueno queh vinihteh! Quéh bueno quéh vinihteh… a mi vida, mi vida. 


2017/01/29

ISLANDIA... incluso OSLO, HALDEN, MADRID Y OIARTZUN

Cualquiera que hable de Islandia va a hablar de sus cascadas, sus aguas termales, su radical tiempo, su gente tranquila, los glaciares, icebergs y demás, y yo... yo no voy a ser menos, pero aún a riesgo a sonar arrogante, aquello pudo ser lo de menos aún siendo lo más grande que he visto en tiempo y de lo más grande que he visto en mi vida.

Seljalandsfoss, se apareció ante nuestros ojos casi sin saberlo al igual que aquel día que me enamoré de ella cuando apareció en la imagen de arranque de Windows en mi pórtatil. Soñé con verla desde atrás con el sol de fondo en un amanecer o anochecer de ensueño, me conformé con calarme entero impresionado por su poder; Skogafoss nos acunó con su sonido en la noche; y Gullfoss, nos abrió la mente en una demostración de que la naturaleza siempre será más grande incluso de lo que uno puede llegar a imaginar.

Jokulsarlon, uno de los lugares que más me han impresionado desde que puse los pies en esta tierra. Hielo con color de pitufo flotando en un lago inmenso. De nuevo una sensación de poder celestial en la tierra. Nunca antes tan cerca del cielo... jamás tan cercano al infierno. Y aún así creo que solo vimos eso, la punta del iceberg, y nunca mejor dicho,

Imprescindible resulta la prescindible Reikiavic, capital más septentrional de Europa. Identidad propia en la, seguramente, urbe menos identitaria de toda la isla. 

Jamás había pasado tanto frío, no había sentido tanto calor salir de la propia tierra y aún menos había mezclado ambas sensaciones hasta hacerlas placer puro. Impresiona el geyser Geyser, aún más Strokkur, te sorprende la Secret Lagoon y tanto o más el Blue Lagoon.

Tanta lluvia, más nieve, aún más viento e incluso bellos momentos de sol y estrellas. Ni rastro de la aurora boreal soñada, en cambio, rastro sí de la aurora boreal vista. Pequeña en su proyección, tan grande en su valor. Kilómetros recorridos en su búsqueda, sueños compartidos hechos proyecto y camino aún sin ser realidad soñada. Enseñanza, moraleja, aprendizaje, crecimiento: La felicidad es un camino, no un destino.

Y en el camino estamos y en el camino queremos estar. Ya un día escribí que Islandia resulto ser el regalo en sí, envuelto en papel Gipuzkoano, celo Noruego y pegatinas de felicitaciones Madrileñas, que una vez despojado todo ello, el país del hielo hacía acto de presencia dejando ver el legado quizá más importante, y hoy en cambio, pasado ya un tiempo siento que incluso Islandia resultó ser una parte del envoltorio de lujo. El regalo esencial no fue sino el sentimiento compartido, el deseo de una VIDA en común.

VERONIKA DECIDE MORIR

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LONDON AGAIN

I returned to London again. The more London I have ever seen, the less London I have ever lived. Maybe the place it was just an excuse, we were the essential, the big reason to stay in this case there, in the big city.

How special it could be any place, any apartament if you want to be. You can feel strange sometimes when you are an artichoke and you don´t know, but it doesn´t matter if you feel that she has arrived to you when you have shown your heart.