2017/10/28
3 HONDARTZETAKO KROSA 2017
Aurtengo lehenengo test zuzena Behobiara begira ezin izan zen hobeto atera: Inoiz egin dudan lasterketarik azkarrena km bakoitzeko batazbestekoa begiratuta (4:45), inoiz egindako markarik onena 10kmtako lasterketa batean (47:34), sentsazio ezin hobeak...
Ez zen lasterketa hau nire gustokoen artean sartzen, baina bost bat urte pasa eta gero, karrera berdina ezberdin aurkitu nuen; eta ezberdin gainera, hobera esan nahi du, askoz hobera: Agur Aquariumeko eskailerak eta agur hasieran sortzen ziren tapoiei behar bezala korrika egiteko. Denboraren araberako kajoiak sortzea ikaragarri hobetu du lasterketa. Gauza txikiak berriz ere hain handiak.
Nire bidai hoberenetan honetan diodan bezala, oraingo honetan esan beharra daukat ere: bueltatuko naiz!

RIGA - NORUEGA
Un salto de Frankfurt a Oslo de nuevo, poniendo un pie, eso sí, en Letonia, en Riga. Un pie, pie y medio, dos... un cuerpo entero en unas horas en las que desaparecer en el ayer.
El Daugaba parte la ciudad en dos, o eso dicen, pues yo lo crucé y de allí no salí hasta que tocó retornar. Un lugar perdido donde pernoctar, en el centro antiguo y pernicioso en cuanto se esconde el sol. Pasos sobre adoquines, aún no mojados, para situarse y acabar preso en Folkklubs Ala Pagrabs, algo así como una mazmorra subterránea donde quedar preso puede ser una buena idea rodeado de una gran cantidad de grifos de cerveza local y del más allá.
Buenos días con xiri-miri de desayuno, almuerzo y casi casi comida, para disfrutar de nuevo de adoquines e incluso de un poquito de cemento para ver el monumento a la libertad o la bonita Catedral Ortodoxa de la Natividad, e incluso hierba en Esplanade.
Pero sin duda alguna me quedo con el ayer de su centro histórico unido a ciertos grafitis del hoy e incluso el mañana. Zviedru Varti, "imperdible" y más bien tempranito cuando nadie pasa por allí excepto uno mismo y el sonido de la música dentro del túnel.
Creo que volveré y el Báltico se hará un poquito más grande quizá Vilnius, quizá en Tallin, incluso en Helsinki o por supuesto en St Petersburgo. Pero en ese momento no, entonces el salto era de nuevo a Oslo para comenzar por primera vez un retiro primero hacia el oeste y después, por fin, más allá.
Gausstatoppen, no tuvo tope, cima, en sí, la niebla lo impedía, pero se presumían vistas increíbles desde lo más alto, aunque como tantas otras veces la vida, la VIDA, a uno le sorprende, y las vistas resultaron tan increíbles o más desde no tan arriba, desde una roca desviada del camino en la que ver, disfrutar, sentir y gozar. Sonrisas en lo simple que tantas veces es lo más complejo.
Amaneceres mirando al lago, viejas catedrales medievales hechas de madera, travesías en montañas que jamás aparecerán, o no al menos esta vez (apuntado quedas, Trolltunga) pero que hacen valorar aún más, cerca de Rjukan, el valor del sol escondido, del rayo que da calor, energía, luz, VIDA siendo esta propia, ajena y sobretodo compartida. El valor del Xoletin.
Camino de Stavenger, las ovejas, los lagos por todos lados y esa sensación de calidez en medio del frío que se vislumbraba en un invierno aún lejano, hicieron de la ruta una delicia, una Noruega que sin sorprender ofrecía el sabor de lo más real del lugar.
Por fin los fiordos. O los fiordos de verdad, los que aparecen en las revistas, la tele e internet. Impresionantes no cabe duda, preciosos y aún así con una sensación de que tan esperados, tan imaginados o vistos de modo semipixelado, y por ello dejaron de ser lo nunca visto en sentido figurado y literal. El Preikestolen me enseñó que mi abuela dejó algo más que recuerdos y aprendizajes varios en mi ser. Lugar impresionante, tanto el balcón como el camino y vistas para llegar a él; solo un fallo: todos los turistas que no eramos nosotros.
Lyseforjd atractivo desde arriba y tanto o más desde abajo. Aprendizaje en forma de conclusión: Noruega es un referente quizá por su naturaleza preservada y por la no falta de carreteras. Es así porque lo era y se quiere que lo siga siendo. El tiempo se mide por tanto y tantas veces, en la velocidad del Ferry. Farvel Kerajbolten.
De Stavenger a Kristiansand y de camino pequeños pueblos con bibliotecas privadas hechas públicas justo al lado de bicis de ayer que en ningún caso van acompañadas de candado alguno. Lugares en los que sentirte pequeño... Ferrys que te devuelven a una extraña realidad, donde hacer la compra a 300kms de casa.
Y de nuevo creo que volveré, pues lo sueños no dejaron de surgir entonces, en el viaje, y siempre que uno se siente en el hogar estructural y aún más en el sentimental. De Trolltunga ya he hablado, Nordkapp tiene su valor, en algún lugar nos tendrá que ver la aurora, hablan de las Lofoten y mira que yo creo que allí, aquí, en Noruega hay que vivir sin esperar, encontrar sin buscar, por eso aún me quedo con Lille Erte, pero me no me olvido de ti Rallarvegen.
2017/09/09
2017/09/07
2017/08/10
WELCOME HOME PROJECT
Ya he soñado, ya he proyectado, ya he pasado horas y horas en la sala de espera de la felicidad y ya tengo de donde a donde rodar este verano: Burgos-Oiartzun será el trayecto. El más corto de los viajes de Orbi, el más cercano de los caminos realizados, el valor de las pequeñas grandes cosas.
Obviamente pretende ser un viaje en el espacio, pero por primera vez también un viaje en el tiempo. Quiere ser, como siempre, una excursión al interior de uno mismo, y a su vez como novedad, un llegar a aquellos que quiero y me quieren.
Espacio por la distancia, por el reto de superar una vez más la barrera de los 100kms en una etapa, por seguir la cola de esas flechas amarillas que este verano de nuevo me encontraron y atrayeron.
Viajar en el tiempo también, sí, porque empezar en Burgos no es casualidad. Me ha resultado fácil imaginar viajes pasados que generan el hoy, una línea con inicio en Medina de Rioseco y final en Oitz y viceversa, otra que nació en Jerez de la Frontera y llegó hasta Irun y al revés. Ambas se cruzarían en Burgos y es por eso que el sueño partirá esta vez desde allí.
El viaje a uno mismo no necesita de mucha explicación. horas y horas conmigo mismo, trascendiendo, sintiendo, superando retos, escogiendo ese placentero sufrimiento opcional.
Y sobre todo, llegar a ellos, a vosotros, a los que fueron, son y serán, por los que soy. He llegado a catedrales, grandes capitales, ríos, mares, faros, grandes monumentos y hasta a otros continentes. Pero esta vez no, esta vez quiero llegar a los que quiero, pues no creo que haya nadie mejor en quien creer, ni mayor capital que poseer, ni más grande sensación de eternidad de la que disfrutar, ni más agradable luz por la que dejarse guiar, ni mayor monumento que admirar. Sois mi único continente.
A los que queráis y podáis estar en algún kilómetro, os espero en la Catedral, en Cova, como no, en un lugar donde comprar muebles y zapatos baratos, junto a viñas y a Frank Gerhy, en la Navarra profunda de nuestros antepasados, descendiendo Leitzaran, en la Concha y sobre todo, disfrutando de un baño en la piscina de toda la vida antes de una Barbacoa en compañía de los mejores. Y a los que no podáis y queráis se os echará mucho, mucho, mucho de menos, que es más.
GALICIA
Praia das Catedrais, Torre de Hércules, Costa da Morte, Eterna Santiago, Rías Baixas, Islas Cíes... podría acabar aquí mi entrada. Todo dicho. Pero sigo: Pulpo a feira, pimientos de Padrón, empanadas varias, raxo, tarta de Santiago, buen pan, chorizo con un toque picante en una playa frente al Atlántico, queso de tetilla, Albariño, Ribeiro, filloas, zamburiñas, navajas, flan de queso, carne de Betanzos y hasta tortilla de patata y chistorra. Más que todo dicho... menú completo y nunca mejor dicho.
Pero hubo todo esto, sí, y más, mucho más. He aquí la esencia de dicho viaje: poder mirar al cielo, hacerlo y ver estrellas, dejar de hacerlo y seguir viéndolas en platos, copas y hasta en sonrisas y miradas de complicidad máxima.
Y es que tras grandes viajes, Galicia podía quedar un poco pequeña, tan cercana y hasta creía que conocida. Nada más lejos de la realidad. Los lugares conocidos volvieron a impresionar más si cabe y los desconocidos enamoraron, la comida típica tradicional tan buena o mejor que siempre. Hasta aquí todo según lo previsto, pero es entonces cuando aparece Marcelo y hace su casa nuestra, ayudado por Martín, por Javier, cocinando como siempre, con cuchara de palo, cocinando como nunca: Bonito de Burela, encurtidos y vinagreta de tomate seco, Huevo, queso San Simón y migas de pan, Frambuesas de nuestro huerto, kéfir y menta, Dim-sum de orella y gambas, patata puerro, yema de huevo casero y tocino ibérico, Ensalada de tomates bombón con ajoblanco y sorbete de rocoto o Steak tartar de solomillo del país... metáfora gastronómica hecha viaje, sentimiento, simbiosis en estado puro jamás antes sentida.
Va a ser que esto también es GALICIA y no lo sabía... va a ser que esto es la VIDA y no lo sabía.
2017/06/26
2017/05/14
VANESSA CARRASCO
«Mi cuerpo empezó a quemarse por dentro y por fuera, me moría y nadie sabía qué me pasaba»
Vanesa reconoce que para superar el calvario que vivió hace falta «una fuerza que ni yo pensaba que tenía».
Esta joven de Errenteria se lo jugó todo a un fármaco sin garantías para sobrevivir a una enfermedad rara.
Vanesa Carrasco sufrió un brote que le llevó a permanecer ingresada 49 días. Aún hoy sigue luchando contra las secuelas.
Vía diariovasco.com - noticia aquí
«De pronto me quedé ciega. No podía hablar y me costaba mucho respirar. Me estaba quemando por dentro y por fuera». La historia de Vanesa Carrasco es de esas que superan ampliamente la ficción. No solo por la concatenación de desgracias, sino sobre todo por la entereza y la fuerza con la que ha sido y sigue siendo capaz de superar cada una de ellas.
Esta joven de Errenteria nació con espina bífida meningocele. Esto le provoca problemas de riñones y va perdiendo sensibilidad en las extremidades inferiores. Aunque puede ponerse de pie, cada vez le resulta más complicado. La suya es la versión grave de una enfermedad degenerativa que le hizo a los once años empezar a utilizar muletas. Un año después, una operación que no obtuvo buenos resultados le dejó en silla de ruedas, un estado al que iba a llegar de todas formas, pero no tan temprano.
Vanesa se volcó en el deporte adaptado, concretamente en la natación, y cursó trabajo social. Pero en 2012 le diagnosticaron lupus eritematoso sistémico, una enfermedad que hace que el sistema inmunitario ataque a las células y tejidos sanos, lo que unido a las dolencias propias de la espina bífida, su afección a los órganos se agravaba. «Esto me hace estar cansada, tener fatiga, tener fiebre muchos días, artritis, que se me caiga el pelo, ser fotosensible...». Esta enfermedad crónica le obligó a estar durante 2012 y 2013 en una «montaña rusa» de ingresos y recuperaciones con una media de cinco visitas a Urgencias por año. Una vez equilibrada, con la correspondiente medicación, consiguió mantener cierta calidad de vida, «aunque siempre con mucha precaución, porque nunca sabes cuándo te puede llegar un nuevo brote», expone.
Brote sin diagnóstico
Sin embargo, si algo ha aprendido esta joven de 28 años es a leer las advertencias de su propio cuerpo. Era julio de 2015 y Errenteria estaba inmersa en la celebración de las Magdalenas. Días de mucho calor, de dormir menos de lo habitual y comer de forma desordenada. A priori nada del otro mundo durante las fiestas. Pero una noche, Vanesa empezó a encontrarse mal. Le subió la fiebre, un plomizo cansancio se apoderó de ella y se le quitaron las ganas de comer. «Mi cuerpo me estaba advirtiendo de que venía otro brote», relata. Pero dos días seguidos con una fiebre superior a los 40 grados y una dificultad al respirar poco habitual le hicieron dudar de que fuera lupus.
Esa misma noche empezó el calvario. Dormía junto a su madre «porque me encontraba muy mal» y a las cinco de la mañana «empecé a notar un ardor tremendo en los ojos. Le dije a mi madre que encendiera la luz y de repente lo veía todo blanco. Esa sensación no la había tenido nunca y estaba segura de que no era lupus. Fue un momento horrible que no se me olvidará en la vida», asevera con la misma seguridad con la que lo pensó dos años atrás.
Una ambulancia le trasladó rápidamente a Urgencias del Hospital Donostia y en menos de una hora estaba ingresada en la UCI. No sabían qué le estaba ocurriendo, pero era incapaz de ver, de hablar, de respirar y su piel y tejido interior era víctima de una reacción similar a una quemadura. Primero fue poniéndose de un color oscuro, pasó a ennegrecerse, después salieron las ampollas y por último, el 90% del interior y exterior de su cuerpo se quedó en carne viva. «Me vendaron de arriba a abajo. Solo tenía los ojos y parte de la boca destapados. Me iba. Y no sabían qué medicamento proporcionarme para frenarlo». Recuerda que un día le entró un momento de histeria, de pánico, en el que intentó arrancarse la vía y marcharse de allí. Pero no pudo.
Al cabo de una semana, los médicos decidieron trasladarle a la Unidad de Quemados del Hospital de Cruces en Bilbao. Salió en helicóptero desde el parque de Bomberos de San Sebastián. «No podía ver ni hablar y a duras penas respirar. Estaba vendada entera y solo oía el ruido del helicóptero que era todavía más intenso al no poder ponerme los cascos por tener las orejas en carne viva. Durante el trayecto solo pensaba 'aguanta que es media hora'».
En Cruces permaneció quince días ingresada en la UCI. No tuvo los momentos de pavor de los días previos, «pero lloraba a diario» y fue uno de los momentos más duros. «Estaba sola 23 horas al día, sin ver ni hablar. Coger aire dolía. No sabía qué día ni qué hora era; estaba alejada de los míos; vendada de pies a cabeza; se me había caído el pelo y las uñas, y lo peor de todo, no sabía por qué estaba ahí, qué me ocurría, si saldría de allí y en caso de salir, cómo terminaría todo aquello. Fue horrible».
Las únicas partes de su cuerpo que no llegaron a 'quemarse' fueron el cerebro y el corazón. Cada 48 horas le advertían de que su vida corría peligró y que dada la gravedad de las heridas difícilmente superaría las próximas 48. Pero, frente a todo pronóstico, Vanesa conseguía superar cada barrera. «Todas las mañanas me repetía: Un día nuevo para luchar. Y por la noche: Venga, un día menos».
A las 8 de la mañana, un fisioterapeuta le obligaba a hacer ejercicios para aprender de nuevo a mover los brazos, piernas y a respirar porque solo el hecho de coger aire era como si le arañaran las vías aéreas. «A diario me tenían que cambiar el vendaje y limpiar las heridas. En teoría no podían tocarme, cualquier roce era un dolor horrible y me ponía a chillar, pero era la única manera de hacerme las curas», recuerda.
La joven errenteriarra insiste en que solo pensaba en que «tenía que salir de allí», pero reconoce que para superar el total de 23 ingresada en la UCI -entre su estancia en Donostia y Bilbao- «necesitas tener una fuerza que siendo sincera ni yo sabía que tenía».
Para sobrellevar los días pedía que le encendieran la tele, aunque al mismo tiempo le enfurecía porque le recordaba su ceguera. Las horas pasaban lentas y los días se hacían eternos. Se entretenía memorizando los botones del mando a distancia y cuando éste se le perdía, se arrancaba los electrodos para que le hicieran caso. «Aquello empezaba a sonar que parecía que me estaba muriendo y aparecía en la habitación medio hospital. Ahora lo recuerdo como una anécdota graciosa pero, en esos momentos, que me localizaran un mando a distancia me daba la vida», apunta al tiempo que confiesa que le entristecía pensar si su vida iba a pasar a convertirse en una dependencia absoluta de terceras personas.
La decisión más difícil
La «barra libre de morfina» en el hospital de Cruces le fue de gran ayuda para aguantar el dolor que tenía por todo el cuerpo y asegura que no le resultó complicado desprenderse de ella, aunque recuerda una notable diferencia entre el tipo de sustancia administrada en Bilbao y en Donostia, «donde me provocaba una sensación horrorosa».
Este analgésico ayudaba, pero su estado empeoraba, no iba a poder aguantar más y había que tomar una decisión. «Un día apareció mi madre llorando en la habitación con tres batas blancas, como digo yo, que eran el jefe, el jefazo y el súper jefazo». Le indicaron que había un antídoto que desconocían la reacción que podría causar en ella, pero que creían que podría revertir la situación. Eso sí, bajo su responsabilidad. «Si seguía tal cual, ya sabía lo que me deparaba y esa era la única posibilidad que tenía de salir. Recuerdo que mi madre me dijo llorando que hiciera lo que creyera oportuno», apunta.
Vanesa firmó el papel y se enfrentó a lo que considera uno de los momentos más duros de su vida. «Al fin y al cabo, mi gente ya se estaba mentalizando de lo que me podía pasar y este era el único 1% de posibilidad que tenía de vivir».
En la misma postura que las últimas semanas y con las vendas colocadas, le inyectaron la medicación. Se quedó inmóvil a la espera de que algo le sucediera, sin saber exactamente qué. Solo esperaba a que ese antídoto hiciera algún efecto sobre ella, con el temor de que la dirección fuera la incorrecta. «¿Funcionará? ¿Me dolerá? ¿Si me pica es bueno?», se preguntaba para sí misma con congoja. Como por arte de magia, su piel empezó a regenerarse al cabo de los días. «Solo espero que pueda servir a otras personas y no tengan que pasar por lo que yo pasé», confía.
A finales de agosto, le trasladaron de nuevo al Hospital Donostia donde permaneció 26 días en planta en la Unidad de Infecciosos. Ahí veía su vida a salvo pero se enfrentaba a otro muro. «¿Voy a vivir en silla de ruedas y ahora además ciega?». Al cabo de los días empezó a recuperar parcialmente la visión «y lo primero que hice fue pesarme y mirarme al espejo, lo que también fue duro porque no me reconocía y me impresionó mucho verme así», dice señalando que en la Unidad de Quemados de Cruces no hay espejos y que incluso prohíben a las visitas entrar con móviles.
Después de infinidad de pruebas y 35 días desde que acudiera a Urgencias por primera vez consiguieron dar con un diagnóstico: el síndrome de Lyell, una enfermedad rara que suele afectar al 30% del cuerpo, pero que en su caso las quemaduras del tejido interno y de la piel se extendieron hasta el 90%.
Al cabo de 49 días le dieron el alta, con la incertidumbre de qué le provocó la enfermedad y cómo prevenirlo, por lo que no descartan que le pueda volver a suceder. Le advirtieron de que el proceso de recuperación sería duro y dos años después sigue comprobándolo.
La piel se le ha regenerado pero le han quedado secuelas. «No puedo comer ciertos alimentos porque me duele. Mis órganos y el tejido del interior están llenos de cicatrices y eso hace, por ejemplo, que no pueda comer alimentos como galletas, carnes rebozadas o picante porque me suelen salir llagas en la lengua, que también se quedó en carne viva. Hay días que el agua me quema. Me he quedado ciega completamente del ojo izquierdo y tengo que estar pendiente de que no le ocurra lo mismo al derecho», enumera.
Cuando regresó a casa del hospital «se me vino todo encima». Tuvo que memorizar su ropa del armario y enfrentarse a que el simple hecho de poner un café podía terminar con la taza en el suelo. «Estoy en un aprendizaje continuo». Y no solo ella, también la gente que le rodea. «Intentan ayudarme pero sé que es difícil porque no es una situación sencilla de entender», confiesa.
En breve encarará una nueva etapa en su vida. Acudirá a la ONCE para recibir asesoramiento «y a tirar para adelante». «Venga lo que venga estoy segura de que no será peor de lo que ya he pasado», concluye con optimismo.
2017/05/09
PATAGONIA
"Partimos temprano a un mundo desconocido
Te volviste a dormir yo acariciaba tu pelo
Despertamos confusos más allá del silencio
En un sueño de oxido y faros perdidos
...Caminamos glaciares sobre ríos eternos
Y trazamos los planes hacia el infinito
Corrimos senderos hacia el pico más alto...
Descendimos a lo más profundo del mundo...
Y al regresar...
...todo es igual pero nada es lo mismo"
2017/05/08
ARGENTINA
"VidaYa". Pocas pseudopalabras podrán definir tan bien un viaje a Argentina. El viaje a Argentina. Este viaje a Argentina. Paraiso natural. Gente muy educada y agradable. Palabra. Carne...
Pretendía ser una sorpresa y no por esperada dejó de serlo. Expectativas ya altas que se vieron superadas principalmente por el sentimiento, por las vivencias, también por su gente y sin duda por su naturaleza.
Venir de estar más al norte que nunca allá por navidad, y en semana santa abrir el enorme regalo más al sur que siempre. Metáfora de mi nuevo mundo tan pequeño y tan grande a la vez, desde que aquella canción de Vetusta Morla con nombre de ciudad nórdica, me condujo a mí mismo y más allá.
Iguazú y su sonido. Verde y agua. Majestuoso, sublime, superior... pero es que estos adjetivos y más, los podría repetir casi a cada paso por la Patagonia o por los Andes. Hasta ese momento no había visto tanto poder natural en directo en la vida. La garganta del diablo resultó ser uno de esos aprendizajes que rompe esquemas, que necesita de asimilar, de vivir el momento de acomodar ideas y aprender lo pequeñito que uno resulta ser ante la inmensidad. Y pensar que tan solo una semana después volvió a ocurrir lo mismo en El Parque de los Glaciares...
Buenos Aires y su tango admirado y no bailado, La Boca El Caminito y sus colores. No me cautivó la capital y aún así resultó ser tan necesaria, tan esencia de lugar... Suciedad y desorden, siglos de historia en un intento de renovación en proceso, barrios muy marcados por su peso, por sus pesos, gente, mucha gente, y sobre todo tráfico, mucho tráfico. Lugar ideal para sentir de nuevo, lo básico que uno resulta ser ante la novedad al vivir lo nunca vivido. "VidaYa".
Sensaciones y silencio en El Hornacal, Sí. Interesante el cerro de los 7 colores, Andina Purmamarca, única Humahuaca, prescindible Salta y todo lo que podamos decir del resto de lugares próximos a Bolivia se quedan en nada con lo sentido en el mirador del Hornocal. Rompiendo fronteras de nuevo, 4.350 mts. quizá no llegue jamás tan alto, pero es que a lo que seguramente me cueste llegar también, es a poder escuchar de ese modo el silencio, a poder disfrutar de un cuadro perfecto de 14 colores y muchos más ante mis ojos, con la temperatura inmejorable, un cielo perfecto y una compañía ideal. Estoy seguro de que volvería una y mil veces allí y ninguna volvería a ser igual. Maravilloso, viaje más allá del lugar a un mundo de sensaciones.
Tierra del fuego, La Laguna Esmeralda, Redescubrir el poder de un faro, lugar donde encender las luces, donde terminar… o empezar. Donde comer una parrilla, empanadas, alfajores y sobre todo ese cordero no sé si fueguino o patagónico, pero ese.
La base de El Chaltén sin su Fitz Roy con la Laguna Torre gelida, El Calafate, y en especial el summum final de poder VIVIR más incluso que ver el Perito Moreno. Sin palabras. Todo lo que pueda decir es poco. Quizá debiera ser argentino para tener la facilidad de palabra necesaria y poder describirlo como merece.
Y aún así… aún así, me quedo con la sorpresa que sin serlo, lo fue, con el cariño, detalle e ilusión con el que se proyectó, se soñó, este viaje y finalmente se VIVIÓ.
¡Quéh bueno queh vinihteh! Quéh bueno quéh vinihteh… a mi vida, mi vida.
2017/02/03
2017/01/29
ISLANDIA... incluso OSLO, HALDEN, MADRID Y OIARTZUN
Cualquiera que hable de Islandia va a hablar de sus cascadas, sus aguas termales, su radical tiempo, su gente tranquila, los glaciares, icebergs y demás, y yo... yo no voy a ser menos, pero aún a riesgo a sonar arrogante, aquello pudo ser lo de menos aún siendo lo más grande que he visto en tiempo y de lo más grande que he visto en mi vida.
Seljalandsfoss, se apareció ante nuestros ojos casi sin saberlo al igual que aquel día que me enamoré de ella cuando apareció en la imagen de arranque de Windows en mi pórtatil. Soñé con verla desde atrás con el sol de fondo en un amanecer o anochecer de ensueño, me conformé con calarme entero impresionado por su poder; Skogafoss nos acunó con su sonido en la noche; y Gullfoss, nos abrió la mente en una demostración de que la naturaleza siempre será más grande incluso de lo que uno puede llegar a imaginar.
Jokulsarlon, uno de los lugares que más me han impresionado desde que puse los pies en esta tierra. Hielo con color de pitufo flotando en un lago inmenso. De nuevo una sensación de poder celestial en la tierra. Nunca antes tan cerca del cielo... jamás tan cercano al infierno. Y aún así creo que solo vimos eso, la punta del iceberg, y nunca mejor dicho,
Imprescindible resulta la prescindible Reikiavic, capital más septentrional de Europa. Identidad propia en la, seguramente, urbe menos identitaria de toda la isla.
Jamás había pasado tanto frío, no había sentido tanto calor salir de la propia tierra y aún menos había mezclado ambas sensaciones hasta hacerlas placer puro. Impresiona el geyser Geyser, aún más Strokkur, te sorprende la Secret Lagoon y tanto o más el Blue Lagoon.
Tanta lluvia, más nieve, aún más viento e incluso bellos momentos de sol y estrellas. Ni rastro de la aurora boreal soñada, en cambio, rastro sí de la aurora boreal vista. Pequeña en su proyección, tan grande en su valor. Kilómetros recorridos en su búsqueda, sueños compartidos hechos proyecto y camino aún sin ser realidad soñada. Enseñanza, moraleja, aprendizaje, crecimiento: La felicidad es un camino, no un destino.
Y en el camino estamos y en el camino queremos estar. Ya un día escribí que Islandia resulto ser el regalo en sí, envuelto en papel Gipuzkoano, celo Noruego y pegatinas de felicitaciones Madrileñas, que una vez despojado todo ello, el país del hielo hacía acto de presencia dejando ver el legado quizá más importante, y hoy en cambio, pasado ya un tiempo siento que incluso Islandia resultó ser una parte del envoltorio de lujo. El regalo esencial no fue sino el sentimiento compartido, el deseo de una VIDA en común.
LONDON AGAIN
I returned to London again. The more London I have ever seen, the less London I have ever lived. Maybe the place it was just an excuse, we were the essential, the big reason to stay in this case there, in the big city.
How special it could be any place, any apartament if you want to be. You can feel strange sometimes when you are an artichoke and you don´t know, but it doesn´t matter if you feel that she has arrived to you when you have shown your heart.
2016/12/09
BEHOBIA 2016
Una vez logrado el dar color a otro grano de la espiga en la etiqueta, uno reflexiona, echa la mirada atrás y ve una carrera con cabeza, lineal excepto en ese extraño bache entre Buenavista y Herrera. Recuperar las sensaciones de competición en la más importante de las carreras el año produce felicidad, saberse entero y capaz. Es cierto que no hubo récord, más cierto aún que no hubo sueño hecho realidad, pero sí hubo la convicción de que uno está muy VIVO, de que los proyectos se entrelazan forjando felicidad y bienestar tanto a nivel psicológico como físico.
Parciales
5km - 25:10
10 km - 25:48
15 km - 25:10
20 km - 25:36
2016/11/23
2016/11/10
DONIBANE LOHITZUNE HONDARRIBIA 2016
Urteak lasterketa honetan parte hartu gabe, urteak beraz maratoi erdi batean parte hartu gabe, egindako era honetako proba bakarra hauxe izan baita. Eta hirugarrenean heldu izan zen denborarik hoberena, beste mundu bateko marka izan gabe poztasuna erakartzeko aitzaki nahikoa. Saul hasieran taldekide izanda eta bukaeran bultzada txikitxo bat eman zidan laguna.
Laguntasuna bide, laguntasuna helmuga.
Denbora: 1:55:19
Erritmoa: 5:28
15KM DONOSTIA 2016
Retorno a los origenes, a la carrera especial que me acogió por primera vez allá por 2007. Tiempo positivo, aceptable, dentro de un querer más y no poder. De nuevo el crono dentro de la mesilla, de nuevo las sensaciones marcan el ritmo.
Tiempo: 1:16:14
Ritmo: 5:05
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










